El impulso fuerte del trabajo precario en la gestión estatal comenzó en los años 90, con el congelamiento de vacantes pero con la necesidad de incorporar personal. El ennegrecimiento no desapareció nunca, tampoco en la década que se tituló como ganada. No creo que uno pueda describir en un solo párrafo cuál es el fenómeno del empleo en Argentina en los últimos 20 años, sin caer en simplificaciones. Si la estrategia del Gobierno actual sobre empleo estatal estuviera expresada en reducir los 3 millones de empleos que hay entre Nación, Provincia y municipios con estas decenas de miles de empleos liquidados, no sería demasiado solvente.
Cuando se habla de la cuestión fiscal, se habla de ingresos y de uso de los ingresos. La estructura tributaria en Argentina creció mucho en volumen pero no se hizo más equitativa. Mantuvo sus criterios inequitativos y en algunos aspectos los empeoró, como con Ganancias que hace 15 años no modifica sus alícuotas. Acerca de la ley antidespidos y la doble indemnización, un camino más eficiente sería volver a utilizar los Repro, que ya se usaron en 2002 y en 2008/2009 o aumentar el seguro por desempleo que estuvo congelado en 400 pesos durante los 12 años del kirchnerismo y que el gobierno anunció que va aumentar. Me parece que lo que se está dirimiendo son disputas de poder en la política, en el peronismo y en el sindicalismo. El uso que se está haciendo del problema real de trabajo y de ingresos del sector laboral me resulta penoso.
Pohibir despidos y, sino, aplicar la doble indemnización es una expresión de deseos que no tiene efectividad real. Saber si la doble indemnización sirvió o no sirvió en 2002 es un ejercicio contrafáctico. ¿Cómo hacemos para saber si en 2002 hubiera habido más pérdidas o menos pérdidas de puestos de trabajo de las que hubo? Además, la doble indemnización es reconocer que estamos perdiendo empleo y no lo vamos a poder revertir.

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