La inacción del Ejecutivo comunal de Pichanal solo agrava las situaciones que por fenómenos naturales se producen. Es el caso del anfiteatro de la Casa de la Cultura local, que permanece cerrado desde que se inundó, hace años, convirtiéndose en un centro de proliferación de toda clase de vectores infecciosos, con el agravante que está situado en pleno centro y nadie molesta a los mosquitos en su hábitat.
Lo que sucedió fue que hace poco más de una década se inauguró un centro cultural moderno y lujoso en Pichanal, donde destacaba el anfiteatro cerrado, con escenario, butacas y un declive apropiado para presentar todo tipo de espectáculos, conferencias y talleres.
Por las inundaciones registradas en todo el norte hace unos años, las capas freáticas afloraron en Pichanal y terminaron por inundar las instalaciones hasta casi el nivel de la calle. Y ahí se quedó todo: desapareció bajo las aguas el anfiteatro, el pueblo se quedó sin un espacio cerrado vital para todas las expresiones culturales y ganó un perfecto foco infeccioso.
La indolencia del Ejecutivo llegó a tal extremo que aún hoy el salón permanece inundado y no es porque se haya desagotado y vuelto a inundar. No. Sencillamente nunca se intentó nada para mantenerlo, al menos, limpio.
Muchas fueron las explicaciones pero ninguna la acción capaz de salvar al anfiteatro techado de Pichanal del abandono. Nunca se intentó siquiera un desagote mecánico, como se usa en tantos lugares, para reflotar y volver a poner en valor la única sala del pueblo capaz de albergar espectáculos de jerarquía.
Muy cerca de este edificio público, casi al lado, funcionaba el Centro Tecnológico Comunitario, otra obra inaugurada hace unos años y que contaba con un equipamiento de punta para su época, con más de quince computadoras de última generación, gabinetes, pupitres y salas para formación técnica de los alumnos.
Vaciado y abandonado
Hoy luce abandonado y vaciado. "El proceso fue simple. Se fueron robando las computadoras o las mandaban a reparar y nunca se recuperaron", dijo el exconcejal Gustavo Mendieta, propietario de la FM Cabina Amarilla.
Así, lo que fue concebido como un centro de formación y capacitación para los niños, jóvenes y adultos del pueblo, en una ciencia tan actual como la informática, se convirtió en un desperdicio, vacío e inútil.
Otro palo a la cultura
Pero tal vez lo que más le duele al vecino común de Pichanal, a los actuales estudiantes que no disfrutan del servicio de intenet en sus casas o colegios y a mucha gente que ya peina canas y disfrutaba de la práctica de la lectura de textos nuevos y antiguos, es el cierre de la otrora concurrida biblioteca popular Rosa Gareca.
Este importante centro cultural de la ciudad norteña también fue cerrado hace años por la sencilla razón de que desaparecieron todos los volúmenes o por lo menos la inmensa mayoría de los que solía atesorar en sus anaqueles, miles según los memoriosos.
Y no solo a textos de estudio o consulta hacen referencia los vecinos, sino a innumerables obras de la literatura universal que también servían como material de consulta, o, como ya se dijo, simple pasatiempo para los interesados.
Hoy, en ese lugar funciona una oficina municipal cualquiera que no tiene nada que ver con la biblioteca.

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