Entre los mandatos sociales que imperan e imponen formas de ser mujer, la maternidad aparece entre uno de ellos. ¿Cuántas mujeres se sienten en la encrucijada de decidir entre ser madres o desarrollarse profesionalmente? En realidad, una cosa no debería implicar renunciar a la otra. Sin embargo, en un sistema desigual y estigmatizante, muchas sienten culpa por sus elecciones.
La realidad que viven las mujeres a la hora de buscar trabajos termina llevando a soluciones prácticas que no siempre involucran el pleno ejercicio de sus derechos.
Para Morales, "si yo elijo la maternidad, quiere decir que estoy eligiendo un desarrollo profesional menor y si eso sucede, significa que no hay condiciones laborales que me permitan realizar las dos actividades a la vez".
Entonces se ven madres que, pese a las dificultades, deciden no renunciar a sus carreras profesionales pero deben correr de la casa al trabajo, buscar niñeras, cargar a otros familiares o pagar lugares privados para su cuidado. Del otro extremo, aquellas mujeres que renuncian a su independencia económica y se quedan bajo el ala del "hombre proveedor".
En este contexto, Morales sostiene que es fundamental la ausencia del varón. "Los hijos se tienen de a dos y se cuidan de a dos. Si no sucede, esto lleva a que la mujer tenga que optar. En cambio, si el varón se hace cargo empiezan a tener equidad. Pero todavía falta mucho por hacer", cuestionó.
Las tareas de cuidado, ¿quién las 
hace?

En un hogar promedio de América Latina se necesitan 30 horas de trabajo doméstico no remunerado para funcionar (hacer las compras, preparar los alimentos, pagar las cuentas, mantener arreglada la casa, ayudar a los niños en sus tareas, etc.).
Las estadísticas indican que alrededor de 24 de estas 30 horas, es decir, el 80% del tiempo, están a cargo de mujeres: mamás, hermanas, tías, sobrinas, abuelas. Mientras que, por el contrario, los hombres se encargan solamente de las 6 restantes (20%).
Este panorama demuestra a las claras que aún persiste en la sociedad el estereotipo de la mujer que debe encargarse de la casa y de los chicos. Por lo tanto, bajo esta mirada las tareas de cuidado y las domésticas se restringirían a su órbita, dejando fuera de la misma al hombre para que pueda ser productivo al mercado.
Verónica Caliva reconoció esta situación al sostener que las mujeres "somos doblemente víctimas del sistema patriarcal que nos condena". En tal sentido, señaló que es una tarea diaria luchar contra los estereotipos que operan culturalmente asignándoles solo a las mujeres las tareas de cuidado y domésticas, mientras que no sucede con los hombres.
Asimismo, manifestó que el Estado "tiene responsabilidad absoluta" para superar estas desigualdades e instó a la educación formal para "ayudar a derribar esa situación que nos deja con esa doble carga, la de trabajar y ocuparnos de la casa".
Alfonsina Morales se manifestó en el mismo sentido y consideró como algo pendiente la división de las tareas de cuidados.
"La mujer ha salido al ámbito laboral pero mantiene la responsabilidad de las tareas del cuidado de la casa y de los suyos: hijos, enfermos, ancianos, la familia, y esto le da una desventaja. Si un niño en la familia se enferma, la que obviamente debe pedir días de licencia para el cuidado es la mamá, esto ni siquiera se lo consulta. Se lo da por hecho", cuestionó Morales.
Desde su punto de vista, es necesario que el varón comience a asumir su responsabilidad en el cuidado de los suyos, ya que solo con este cambio se equipararían notablemente las condiciones entre géneros.
El trabajo en negro

Según el director del Ielde, Jorge Paz, en Salta hay un 45% de trabajo informal, dentro del cual el 45% son mujeres versus el 48% de hombres. Desde su punto de vista, la mejora en la informalidad de trabajo para las mujeres está vinculada a la ley de regularización del trabajo doméstico.
Verónica Caliva calificó al trabajo informal como "algo que no elegimos, es lo que nos queda". Sostuvo que "tenemos que luchar no solo por esa economía de subsistencia y la posibilidad de combinarla con la maternidad, sino por ejercer nuestros derechos plenamente".
En la agenda de la OIT
La Organización Internacional del Trabajo presentó un informe en el que indica un crecimiento de las mujeres trabajadoras en Latinoamérica.
"Hace 20 años, el 40 por ciento de las mujeres participaba en el empleo asalariado y remunerado; actualmente, el 48 por ciento recibe una paga por su trabajo", indica.
En el documento se reconoce que los estereotipos de género a menudo definen lo que es "un trabajo de mujeres" y adjudican a las mujeres los peores trabajos. "De 143 países, al menos el 90 por ciento tienen algún tipo de restricción legal sobre el empleo de las mujeres".
Para su agenda 2030 el organismo estipula aunar esfuerzos y desarrollar políticas de igualdad de género para incrementar la inserción laboral.


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