El sol se escondió. Una brisa suave comenzó a sentirse. Abrazos, apretones de manos y lágrimas de emoción y felicidad se veían mientras subían los escalones de ingreso de la Catedral Basílica para saludar al Señor y la Virgen del Milagro. Una emoción única se vivió durante la llegada de un gigantesco grupo de unos 8.000 peregrinos de la Puna salteña, en su mayoría de San Antonio de los Cobres. Los caminantes recorrieron casi 300 kilómetros. Desde el pueblo de San Antonio salieron unas 2.000 personas.
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La plaza era una marea de personas. Después de caminar seis días, los puneños llegaron agotados, pero al cansancio lo convirtieron en alegría. Las miradas, los rostros curtidos por el viento de la Puna y la felicidad de haber llegado.
Rocío Gonza es peregrina desde los 8 años, ahora tiene 23. "Este año, en realidad, no pude caminar porque tengo un bebé. Pero sí vino mi esposo, César Zambrano, yo lo esperé en la ciudad. Vinimos a pedirle y agradecerle al Señor y a la Virgen del Milagro por nuestro bebé porque si bien estaba sanito en la panza, tuve muchas complicaciones para tenerlo y me hicieron una cesárea (rompió en llanto) y ahora gracias a Dios Bautista ya tiene ocho meses", relató.
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"El buen pastor sale a buscar a la oveja perdida. Entreguemos nuestros corazones al Señor del Milagro", señaló en la puerta de la Catedral monseñor Dante Bernacki. Como lo hace año a año, el número dos de la iglesia salteña caminó a la par de los peregrinos que vinieron del departamento Los Andes.
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Pedro Lázaro, de 43 años, destacó: "Siento emoción porque estoy cumpliendo y agradeciendo a Dios, al Señor y la Virgen por todo lo que me dio durante todo el año. No tengo una promesa, es un deber dar gracias. Este año le voy a pedir a los patronos salud y trabajo y que mis hijos puedan estudiar y recibirse".

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