Mauricio Macri cumplió el compromiso de poner fin al cepo cambiario y ofrecer un dólar competitivo.
Anunciadas con seriedad, estas decisiones provocaron una reacción favorable y crearon una sensación de confianza que contrastaba con los recelos previos. No hubo corridas ni desbordes y ninguna provincia ni dependencia del Estado se quedó sin pagar los sueldos. Afloraron algunas crisis heredadas, como la de la empresa Cresta Roja, un ícono de las tramoyas populistas, pero las económicas se encaminaron bien. Resta esperar que los empresarios, especialmente, los rurales, actúen con coherencia y levanten un poco la mirada. Un hombre de negocios que se queda en el plazo inmediato compromete su propio futuro, y el de toda la gente que lo rodea.
Hay un gabinete creíble, hay funcionamiento en equipo y se exigen resultados. Es una buena plataforma.
El gran desafío
Para que nuestra economía inicie la tan ansiada senda del crecimiento resta combatir una de las batallas más duras que tendrá esta administración y es la lucha contra la inflación.
Pudimos observar que los últimos aumentos de precios corresponden en principio por la inflación normal con la que convivimos desde hace ocho años, un porcentaje adicional por la incidencia del aumento de precios de los insumos importados y también observamos que muchos formadores de precios lo hicieron por las dudas.
Y es en este último párrafo que quiero destacar y llamar a los consumidores para que no compren o consuman productos cuyos precios subieron desmesuradamente. Es el recurso para lograr que bajen.
Tenemos que hacernos respetar y adquirir conciencia de que somos nosotros los que tenemos el poder de hacer bajar o subir el precio de determinados bienes o servicios.
Nuestra inflación se produce cuando hay demasiada emisión de dinero y no aumenta en la misma proporción la oferta de bienes y servicios a consumir. Esta es una herramienta que debe ser administrada responsablemente por el Gobierno.
En el informe N§ 1 de este año de Economía y Regiones se estima que el sobrante de pesos ascendería a alrededor del 4% del Producto Bruto Interno (entre $200.000 y 220.000 millones de pesos); los orígenes son dos: en primer lugar, la desbocada emisión monetaria de la era K para adquirir la misma cantidad de bienes y servicios con una economía sin crecimiento; luego, el desaconsejable cepo cambiario que, al evitar que los pesos drenaran contra las reservas del Banco Central (dólares), permitió que la demanda de dinero se mantuviera alta.
Cómo combatir la inflación
El primer paso que deberá gestionar el Gobierno será reducir la cantidad de dinero circulante y así evitar que la inflación aumente.
Para que sepamos de qué se trata: observamos que solo en los 16 meses de gestión del último presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, el organismo emitió unos $310.000 millones para financiar el exceso de gasto público y solamente absorbió $68.163 millones por la venta de divisas. Esta diferencia generó la desproporcionada expansión de la base monetaria con un riesgo latente de inflación ya que medidas de este tipo tardan entre 10 y 18 meses en impactar sobre la economía real.
En este escenario, se tendrá que reducir la cantidad de circulante, la emisión de títulos públicos cuya cotización está atada al dólar o el aumento de la tasa de interés para que los inversores retiren sus dineros de circulación y los pongan en plazos fijos son claros ejemplos de las medidas adoptadas.
La aceleración inflacionaria que notamos en los meses de noviembre y diciembre fue otra de las formas de licuar el sobrante de pesos, por supuesto, con un alto costo social y económico.
Con estos datos, teniendo en cuenta la emisión monetaria que dejó Vanoli, la inflación proyectada para 2016 -de continuarse con la misma política- sería del 40%, podemos interpretar que si actualmente para este año se estima una inflación del 30% con medidas para licuar pesos, es mérito de esta gestión.
El problema monetario fue entendido por la nueva administración y tomó medidas para absorber pesos como la apertura del cepo y el sinceramiento cambiario que permitirán adquirir dólares y pagarlos con nuestra moneda.
Según Economía y Regiones actualmente, después de emitir bonos por US$5.000 millones para que los importadores puedan cancelar deudas con sus proveedores y reforzar las reservas con US$22.000 millones para hacer frente a la demanda potencial de dólares, estiman que habrá 2,2 dólares de oferta por cada uno de demanda.
Digamos que hasta ahora las variables que pueden desequilibrar nuestra economía están controladas, falta ver cómo sigue en los próximos meses.
Del consumismo al ahorro y la inversión
La gestión K se caracterizó por mantener tasas de interés inferiores al aumento de precios (tasas reales negativas) y devaluar en forma controlada nuestra moneda muy por debajo de la inflación, esto incentivo el consumo perjudicando el ahorro y la inversión.
En estos últimos cuatro años el escaso o nulo crecimiento de nuestra economía y la falta de creación de puestos de trabajos en la actividad privada fueron la consecuencia de esta

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