Adelantándonos al Día del Petróleo, hoy recodamos la historia de Campo Durán (CD), un yacimiento que marcó a fuego la historia del petróleo en Salta. Tan importante fue su descubrimiento en 1950, que el gobierno nacional de entonces, resolvió incluir en el Segundo Plan Quinquenal (1952-1958) la construcción de una moderna destilería en el lugar y desde allí tender un oleoducto a Buenos Aires.
El origen de este yacimiento tiene una larga historia de decepciones que comenzó en 1931, cuando se perforó el pozo Campo Durán N§ 1 (CD-1), abandonado a los 377 metros de profundidad.
Pero si ese primer pozo se dejó a escasos metros de comenzada la perforación, la exploración infructuosa continuó con la experiencia de los cuatro pozos posteriores: CD-2, CD-3, CD-4 y CD-5.
Pero pese a esos sucesivos fracasos, en febrero de 1949, merced a un nuevo impulso dado a la política exploratoria de YPF, comenzó a perforarse un nuevo pozo: el Campo Durán 6 (CD-6), cuyo trabajo culminó exitosamente en septiembre de 1950.
El éxito llegó a casi 600 días de labor ininterrumpida, labor que permitió a los técnicos de la empresa estatal, alcanzar los 3.614 metros de profundidad, bajo la dirección del doctor en geología René Argañaraz.
Cuando la búsqueda llevaba casi dos años de trabajo, comenzó a rondar de nuevo el desánimo, pues a pesar de haberse logrado la profundidad programada, los resultados aún no se veían.
Había llegado entonces, el momento que todo dependía de una decisión de Argañaraz. Solo él podía dar por concluido el largo y costoso esfuerzo de perforación.
Hasta aquí, el sexto pozo de Campo Durán (CD-6) era un fracaso más pues estaba corriendo la misma suerte de sus antecesores.
Argañaraz pensaba, dudaba y, quiérase o no, estaba a punto de tomar una decisión drástica: abandonar los 600 días de trabajo y muchos millones de pesos invertidos en 3.614 metros de perforación que hasta ahora, parecían desmentir los estudios sismográficos y geológicos realizados previamente.
Cuando todo estaba perdido, desde las profundidades surgió el "testigo" salvador
El campamento estaba casi en silencio, el desánimo y la desmoralización se había adueñado del equipo de perforación. Todos sabían que si el trépano paraba, estaban sumando un fracaso más a los aproximadamente 20 años de labor de un yacimiento cada vez más esquivo.
A todo esto, concentrado en sus cavilaciones estaba el doctor Argañaraz, el "Negro", como le decía el resto del equipo. De repente, una voz familiar del campamento se dirigió a él diciéndole: "Negro, ¿que te parece si sacamos el último testigo?"
La pregunta, hecha por el portugués Virgilio Do Brito, apenas si levantó el ánimo, pero él, algo había "olfateado" en la última extracción y ahora tenía una fuerte corazonada.
Y Argañaraz se dijo: "Al fin y al cabo un metro más..." . Entonces, con un leve movimiento afirmativo de cabeza, dio vía libre a la sugerencia.
El experimentado geólogo dio unos pasos, se acercó al pozo y ordenó a los encargados iniciar las maniobras correspondientes para hacer el último esfuerzo. Pasaron los minutos, toda una eternidad, hasta que finalmente se logró extraer, tal como había sugerido Do Brito, el último "testigo". Muestra de la formación geológica extraída con una especie de trépano tubular y hueco, llamado "corona".
Luego de otra espera, finalmente desde el fondo de la tierra apareció el trozo cilíndrico de la roca porosa. Con solo oler, el experimentado portugués Do Brito, supo que había dado en el blanco, pues la roca estaba impregnada de petróleo. Entonces levantó los brazos y todo alborozado gritó a los cuatro vientos la buena nueva. Los hombres comenzaron a abrazarse y, llorado, saltaban como chicos alrededor de la plataforma del pozo.
Al fin y al cabo, después de 20 años de trabajo, no solo habían alcanzado el éxito, sino que también habían ratificado que los estudios preliminares del Campo Durán Nº 6, eran veraces, certeros.
El descubrimiento se cobró una vida
Luego de la euforia, los hombres continuaron perforando. Había que continuar hasta que el oro negro aflorara con una extraordinaria fuerza surgente. Después, había que colocar una válvula de seguridad en la boca del pozo, previendo un hecho extraordinario. Para carnaval de 1951, una válvula de 5.000 libras de presión por pulgada cuadrada, ya vigilaba la posible fuerza intempestiva del torrente negro.
Fue entonces que Do Brito aconsejó abrir la válvula para dejar "respirar" al pozo, mientras en un quebrada adyacente y estrecha, se construía un embalse de donde se recuperaría el fluido que emanaba de las entrañas de la tierra.
Pero a veces el ingenio del hombre no puede con el ímpetu de la naturaleza. Y tras la sugerencia, Do Brito se acercó a la válvula para accionarla sin esperar que la manipule otro, pero en medio de la maniobra, estalló la cañería de salida. La fuerza del "chicoteo" arrojó el cuerpo del portugués contra un ángulo de la torre del pozo, y murió en el acto.
Así fue que la tragedia marcó con sangre el nacimiento del otrora famoso yacimiento.
Hoy, una calle del pueblo de Aguaray, recuerda a Virgilio Do Brito, el mártir de Campo Durán.
"Este muchacho flaco y largo"
En 1965, el doctor Argañaraz presentó a El Tribuno a Antonio Do Brito. Tenía 22 años y trabajaba en el CD-58. "Este muchacho flaco y largo, con el casco echado hacia atrás es el hijo del portugués Virgilio Do Brito, el padre del yacimiento de Campo Durán".


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juan de britos
juan de britos · Hace 11 meses

Eran mi abuelo y mi viejo! Que orgullo el artículo! Saludos desde Barcelona!

David Amaya
David Amaya · Hace 11 meses

Efectivamente, como afirma el autor de la nota, una calle de Aguaray recuerda a Virgilio Do Brito, el mártir de Campo Durán, pero en su versión en español "Virgilio de Britos".

juan de britos
juan de britos · Hace 11 meses

Era mi abuelo y mi viejo, que orgullo el artículo!! Saludos desde Barcelona!

David Amaya
David Amaya · Hace 11 meses

Efectivamente, como afirma el autor de la nota, una calle de Aguaray recuerda a Virgilio Do Brito, el mártir de Campo Durán, pero en su versión en español "Virgilio de Britos".


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