A 60 días de iniciarse las clases, muchos de los problemas de la escuela primaria que tienen su centro de acción en grupos urbanos marginales no han resuelto los temas más acuciantes de la adolescencia.
Una investigación de Flacso, auspiciada por Unicef y realizada hace 16 años en Córdoba, dio resultados que aún se mantienen en el tiempo. De esa investigación se obtuvo una matriz de cómo funciona la subjetividad de los chicos cuando la escuela pertenece a un Estado ausente y cuando la institución no contiene a los alumnos en la obtención del conocimiento y los valores.
Esos problemas perduran y no son propicios para un proceso normal de enseñanza-aprendizaje. Hoy la escuela dejó el camino de la innovación porque las instituciones escolares están en declinación, aunque se debe reconocer que no todo está perdido porque de vez en cuando hay un establecimiento que puede sorprender.
La conclusión de Flacso es que los alumnos tienen mal comportamiento, los valores cambiados, no los rige una autoridad convincente, son desatentos, perezosos y sin límites.
En el marco de la psicología social estas experiencias son propias de las personas desubjetivizadas, es decir tienen un posición de impotencia y ese no poder no les permite hacer nada nuevo al interior de la lógica del chico, dejándolo en términos de inferioridad respecto de una cultura legitimada por el simbolismo que sostiene y reproduce. Si el fracaso de la escuela es el orden simbólico no trasmitido, ello implica que ya que no puede hacer internalizar la ley a esos chicos vulnerables y que la escuela no es guía para que el sujeto se gobierne frente al otro y a las estructuras necesarias y suficientes de la sociedad que le piden resultados.
¿Qué hacer entonces cuándo la escuela ya no es la cadena de transmisión de ideales aprobados? La política pública tiene la palabra.

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Sección Editorial

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