Volvieron las clases y Elba, Antonia, Apolonia y Júpiter comenzaron la dura tarea de darle de comer a los 693 niños que asisten diariamente a la escuela de Alto la Sierra.
Ellos son los encargados de la cocina de la escuela 4.555 Rosario Vera Peñaloza y hacen verdaderos milagros cada día para darles el alimentos a los niños que, en su gran mayoría, pertenecen a la comunidad wichi.
El pueblo está a más de 600 kilómetros de la capital, en el departamento de Santa Victoria Este, casi en el límite tripartito entre la Argentina, Paraguay y Bolivia.
La institución es de nivel primario, cuenta con 16 maestros de grado, 10 docentes especiales más los maestros bilinges, distribuidos en dos turnos.
Unos cuantos postes, las chapas negras bajas y dos paredes de adobe conforman la cocina en donde tienen que trabajar intensamente para brindar el desayuno, almuerzo y la merienda a los diferentes turnos de la escuela.
Sobre unos hierros se asientan las gigantescas ollas, la leña amontonada en el piso y dos mesas de patas chuecas completan el paisaje de eso que llaman cocina.
Todo es muy precario y dependen de la leña que los papás les lleven porque sino la tienen que comprar a los aborígenes que la traen del monte.
Para el verano, que en esta zona es casi eterno, el calor se vuelve insoportable para los auxiliares de cocina y en los pocos días de invierno recién tienen algún bienestar.
El director de la escuela se llama Ubaldo Ovelar y dice que ya comenzó todos los trámites administrativos para que el Gobierno provincial les construya la cocina, pero hasta ahora nada de eso sucedió.
Sabe que ahí no se puede trabajar, sobre todo en los días de lluvia en donde se moja todo, especialmente la leña.
"Yo, en general, tengo todo lo que necesito. Los fondos para la compra de la mercadería me llega en tiempo y forma y me alcanza para la leña, pero ya no puedo ver a mis compañeros trabajando en esta cocina. Necesitamos nuevas instalaciones urgente", dijo Ovelar, maestro oriundo de Embarcación que llegó hace años a esa escuelita del Chaco salteño.
El director sabe que es una zona con muchas enfermedades tropicales, por lo que es consecuente en el pedido de un cocina en donde los alimentos y los productos tengan una mejor conservación para prevenir cualquier problema bromatológico. El maestro también sabe que los trámites en el Ministerio de Educación llevan un tiempo que muchas veces excede las urgencias. Es por eso que también acude a la solidaridad de la gente y de las organizaciones sociales, por si alguien le puede dar una mano para construir una cocina en donde los auxiliares puedan trabajar con dignidad.
Para comunicarse con el director Ubaldo hay que llamar al 0387-155311177 y ver la forma en que se puede colaborar con los niños y el personal de la escuelita chaqueña.

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