Ana Milagros tiene 14 años y es la única hija del matrimonio de Ana Carolina y Héctor Campi. Cuando tenía un año y ocho meses le diagnosticaron diabetes tipo 1 y un año más tarde descubrieron que también era celíaca. A partir de esta situación, que probablemente viven muchas familias, se abrió una historia de lucha y esfuerzo para acompañar a la nena que, de por vida, tendrá estas patologías. Mili junto a su mamá recibieron a El Tribuno en su casa. Si bien entre ellas hay una conexión especial por ser madre e hija, algo más las une: la entrega y dedicación para que la adolescente tenga una mejor calidad de vida. Y la esperanza de que los avances científicos logren dar con la cura.
Carolina cuenta que "antes de enterarnos del diagnóstico, presentaba fiebre y resfrío y, al ver ese cuadro, la llevé a su pediatra que pidió análisis en forma urgente. A través de esos estudios se descubrió que tenía más de 400 mg /dl de azúcar y por lo tanto, la tenían que internar de urgencia".
La madre, entre lógicos temores, desconocía totalmente los síntomas que implicaba tener elevado el nivel de azúcar.
"Ella tomaba mucha agua, se orinaba en la cama pese a que ya había dejado los pañales y luego supimos que eran síntomas de azúcar alta. Nunca pensé que podía tener esa enfermedad. Realmente fue un shock al abrir el sobre de los resultados por los cuales recibimos un diagnóstico para mi hija que será de por vida", cuenta.
Mili estuvo internada en coma durante 4 días hasta que lograron estabilizar sus valores.
De un día para otro la vida de la familia Campi cambió y supieron que, a partir de ese momento, tenían que luchar por su hija en un camino complejo.
"Gracias a Dios contamos con la ayuda psicológica de los médicos. Fueron muy importantes en ese momento. Comenzamos a leer e interiorizarnos sobre la enfermedad de nuestra hija y no fue nada fácil", subrayó Carolina.
Celiaquía, el segundo golpe
Desde el momento del diagnóstico y para toda la vida, los papás tendrían que pincharle el dedito a la nena para controlarle el azúcar e inyectarle insulina, si era necesario. "Yo no me sentía preparada para eso, así que su papá fue el primero en comenzar a controlarla. Pasé por varias etapas en un solo día, hasta que entendí que gracias a esos controles mi hija iba a tener mejor calidad de vida", agregó.
Tiempo después, Mili siguió con los controles rutinarios y, en uno de ellos, la doctora observó que el vientre de la nena era prominente sin ser gordita. Se pidieron nuevos análisis y vino otro golpe duro para la familia. Milagros también tenía celiaquía.
Con tan solo 3 años, la nena ya tenía dos enfermedades complejas, que hasta el momento no tienen cura. "Desde entonces la lucha es doble, porque la comida del celíaco es sin TACC (trigo, avena, cebada y centeno ni hidratos complejos). Nosotros tuvimos que cambiar de hábitos y adaptarnos a la vida de Mili para que ella sufriera lo menos posible", explicó su mama.
Recibir de tan chiquita dos diagnósticos que cambiaban su vida fue, en cierto punto, favorable para su alimentación porque había comidas que nunca había probado, por ejemplo una tarta o el dulce de leche. Entonces, al no tener recuerdo de algunos sabores, no los deseaba.
Cada etapa de la vida de Milagros es un desafío. Sin embargo, ella lleva su enfermedad con mucha naturalidad y eso hace que la gente esté abierta a aprender y constantemente quiera ayudarla. "Todos me ayudan y me cuidan. Mis amigas saben lo que tienen que hacer cuando se me baja o se me sube el azúcar", remarcó Mili.
Actividades superadoras
Bailar en la vida de Milagros es muy importante. Asiste a una academia de la ciudad desde los 4 años y allí estudia contemporáneo, jazz y clásico. "La doctora, entre todas las indicaciones, nos dijo que tenía que hacer actividad física. Eso le sirve para reducir la glucosa en la sangre", subrayó Carolina.
"Bailar me hace sentir plena. Me encanta y me descargo de muchas cosas", comentó la niña. Pero también cuenta que, junto con sus padres, están abiertos a charlar con la gente que esté pasando o haya pasado por la misma situación que atraviesan ellos. "Sabemos lo importante que es recibir una palabra de aliento de quienes conocen la enfermedad".

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