El pasado domingo tuve la oportunidad de ver nuevamente la realidad, aquella realidad lejana a los números, la de las personas de carne y hueso. Para los problemas del día a día no existen estadísticas ni porcentajes, solo aquello que los ojos ven al salir de casa, la falta de servicios, los vendedores de droga en la esquina del barrio, la basura que se acumula incesantemente en ese apartado casi predestinado a ello, el colectivo que no llegó en horario.
Con algunas opiniones disímiles, el descreimiento en la clase dirigente parece ser lo único común a todos ellos; gente cansada de políticos y de promesas electorales incumplidas, todas fácilmente recordadas con ayuda de la tecnología. La frase "son todos iguales" resuena como eco sin encontrar una respuesta frente a los problemas de los vecinos.
A nivel nacional la figura del Presidente se ve lejana en este primer año de gobierno. La aprobación de los encuestados fue escasa y si bien algunos estiman que el tiempo de gobierno aun es corto, muchos resaltan el empeoramiento de su situación económica particular.
Con el gobernador el reproche no fue tal, alcanzando en promedio entre las encuestas realizadas, un regular. Para quienes llegan del interior de la provincia la impresión fue diferente, el desbalance existente entre las políticas desarrolladas en capital con aquellas que llegan hasta el interior es notorio, aunque la práctica es común entre los gobiernos de turno, según señalaron.
A nivel municipal las opiniones se diversifican. Hay quienes todavía estiman que el tiempo de gobierno fue escaso y por ello otorgan un voto de confianza, en tanto otros critican duramente el accionar del intendente capitalino y, finalmente, algunos lo desconocen.

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