Marcos Aguinis, autor de ensayos como "¡Pobre patria mía!" y "El atroz encanto de ser argentino", recala de vez en cuando, y con mucho placer, en la ficción. Recientemente publicó con el sello de Sudamericana su novela histórica "Sabra, solo contra un imperio", escrita en conjunto con el historiador Gustavo Perednik.
El relato está ambientado 100 años atrás, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, que hizo desbarrancar a cuatro grandes imperios (el otomano, el austro-húngaro, el ruso y el prusiano). El protagonista de la historia es Absalom Feinberg, un joven judío que, al cumplir doce años, fundó una agrupación para desalojar de su país al Imperio Otomano e inició una epopeya. Según describe la contratapa del libro, "era un apasionado de las letras y de la naturaleza. Vivió aventuras en el desierto y en la París de la Belle Époque. Se entreveró en romances cruzados y allanó el avance del ejército libertador británico en la Primera Guerra Mundial". Además de ser un relato de suspenso y de gran calidad literaria, "Sabra" informa e intenta reflejar un viejo conflicto con un espíritu constructivo. "Las buenas novelas critican la intolerancia, la guerra, los abusos, las injusticias", sostuvo Aguinis en diálogo con El Tribuno.
Sabra es un libro escrito a dos manos ¿Cómo funcionó la dupla autoral?
Fue un desafío. Ambos habíamos escrito con otros, pero eran diálogos. Aquí se trata de una novela que debe tener unidad. Nos inspiró la dupla de Dominique Lapierre y Larry Collins, que escribieron libros notables como '¿Arde Paris?', 'Oh Jerusalem', 'Calcuta'.
Le ceden la voz de narrador a un "detective histórico" que investiga la muerte de Avshalom Feinberg ¿No figuró como opción la posibilidad de un relato ficcional autobiográfico del propio Feinberg?
Nos pareció que iba a generar más interés y tensión que un detective verdadero hiciera la investigación histórica. De esa forma nosotros, los autores, tomábamos distancia. Queríamos que esta densa y maravillosa historia tuviera objetividad, lejos de las pasiones maniqueístas que ahora producen demasiada confusión.
Espía, aventurero, apasionado, audaz... Feinberg tiene todos los ingredientes del héroe. ¿Le interesó abordar el personaje desde la desmitificación o todo lo contrario?
Durante casi medio siglo el protagonista central de esta novela histórica fue un héroe desconocido. Cuando se pudo desentrañar su gesta, empezó a causar emoción y gratitud. Absalom Feinberg es el Lawrence de Arabia en Palestina. Coetáneo, además. Pero su tarea fue más trascendente que la de Lawrence, como lo advertirá cualquiera que se interese en ambas biografías. Agrego que Absalom fue también un joven romántico muy culto y vivió los años de la Belle Epoque en París, lo cual nos ha permitido agregar párrafos muy bellos, que nos dieron placer y esperamos que brinden el mismo placer a los lectores.
¿Dónde acaba la realidad y dónde comienza la ficción en una novela histórica como esta?
Todos los hechos y los personajes son reales. Sólo uno de los protagonistas y algunos personajes menores escapan a la regla. La ficción brinda el recurso que hace más eléctrica la historia. Se puede ingresar en la psicología de cada uno e inyectar actualidad a los paisajes. Por otra parte, en este género nunca se debería olvidar el rol de la estética. Es necesario proveer metáforas y acertada adjetivación a cada momento, aunque sea horrible.
¿Cree que la novela histórica tie ne una utilidad circunstancial y política?
Por supuesto. Permite ingresar en un clima diferente al propio y conocerlo mejor. La novela provee al sensorio, es decir a la vista, el olfato, la piel, los oídos y el sabor unos importantes detalles que la sola historia trata con menos intimidad.
¿Dónde observa que está exactamente el antisemitismo en estos momentos?
En un punto alto. El odio contra el estado de Israel lo ha incentivado. A Israel no se le reclaman sólo tierras, sino que desaparezca. Porque es una espina en la nuca de quienes detestan la democracia, el progreso genuino, la ciencia, la igualdad de la mujer y los bienes de la civilización occidental.
En Oriente Medio los israelíes y los palestinos viven una tragedia. ¿Coincide con quienes analizan que el conflicto no es nada simple y que no se puede mirar en términos de blanco y negro?
Por supuesto. Mi primera novela, escrita hace 40 años, se titula 'Refugiados, crónica de un palestino'. Fue la primera en enfocar ese conflicto con espíritu constructivo y fraternal.
¿Considera que la literatura puede ser una buena escuela de tolerancia?
Ya lo creo. Las buenas novelas critican la intolerancia, la guerra, los abusos, las injusticias.

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