Al cumplir dos siglos, el balance de la actividad agropecuaria es esencial para entender la evolución de la vida argentina. Con sus avances, sus retrocesos y sus reiterados tropiezos con la misma piedra.
Junto a la Revolución de Mayo nacía en 1810 en Tucumán, Juan Bautista Alberdi, que años después sostendría que esa revolución "fue la sustitución de la autoridad metropolitana de España por la de Buenos Aires sobre las provincias argentinas; el coloniaje porteño sustituyendo al coloniaje español. Para Buenos Aires, Mayo significa 'independencia de España y predominio sobre las provincias'. Para las provincias, Mayo significa separación de España, sometimiento a Buenos Aires; reforma del coloniaje, no su abolición".
Este concepto de mediados de siglo XIX, aunque con moderno lenguaje, se sigue manifestando.

El primer centenario
Al cumplir Argentina sus primeros cien años fue testigo de la disputa planteada a partir del desarrollo de la industria de la carne. Casi como primera muestra de la globalización, los estadounidenses desembarcan en las pampas argentinas dispuestos a competir en ese mercado con los ingleses, hasta ese entonces "únicos clientes". La disponibilidad de bodegas frigoríficas genera una "guerra de fletes", con impacto en lo económico y social, punto de partida de fracturas, con fuerte repercusión en el campo político y gremial empresario. La técnica del enfriado consistía en mantener la carne apenas por encima de 0º grado, así llegaba al consumidor sin alteraciones, presentaba el inconveniente de una vida limitada a los 40 días, por lo que urgía un abastecimiento de mayor frecuencia en el año.
Hasta entonces, y con el congelado como única posibilidad real de preservación, la faena para los ingleses se hacía con hacienda terminada, en gran numero de cabezas y solo en la época mas favorable del año. Esto obligó a los frigoríficos a conseguir proveedores que modificaran las costumbres productivas incorporando pasturas y rotando planteles, dando a luz a los "invernadores". Los frigoríficos aumentaron su renta, aprovechando el bajo costo de producción argentino en contraparte con el buen precio que el mercado extranjero pagaba por su producto. Bonificaron a los invernadores con un precio superior en estancia y convirtieron a los ganaderos criadores en proveedores mal pagos de aquellos. Los ganaderos criadores obligaron al Estado a controlar el pool frigorífico modificando su rol monopólico. El mercado de carnes se fue consolidando según el protagonismo de los criadores, invernadores, crisis de oferta y demanda, falta de libertad en los mercados oligopólicos, prácticas proteccionistas, etc. Concluida la guerra, la industria argentina se muestra sólida. Hubiera bastado una defensa aduanera moderada para lograr la emancipación industrial de la Nación, sin embargo triunfa el pool invernador que con ayuda extranjera y ante la frágil situación agropecuaria, obliga al gobierno a tomar préstamos internacionales.

Los años 30 y Gran Bretaña
Luego de 1930, Gran Bretaña decide la compra de carne a Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Argentina mantiene el mercado inglés pagando un alto costo al entregar a un monopolio de ese origen el transporte.
Por esos días en el Senado Nacional, Lisandro de la Torre decía: "Se permite a los frigoríficos Vestey, Swift, Armour y a todos los frigoríficos extranjeros que trabajan en esta tierra conquistada, realizar fines de utilidad comercial, mientras se prohíbe a los frigoríficos argentinos del presente y futuro colocarse en las mismas condiciones".
Al cumplir 200 años, vemos que regalamos a nuestra Patria un conflicto muy similar. El lugar del invernador lo ocupa el feedlot y frigoríficos extranjeros en nuestro suelo se quedan con parte de nuestro mercado exterior, dejando tranqueras adentro al ganadero como uno de los eslabones más débiles de la cadena. Tal vez con la mejor intención, creamos el Instituto de Promoción de la Carne Argentina, siguiendo viejas recetas para viejos males. No es la actividad agropecuaria una ciencia exacta; está influida por imponderables en sus resultados, se manifiesta dinámica y cíclica, por lo que más de una vez transitamos por una situación ya vivida. Ignorar la experiencia pasada es inaceptable. Los problemas económicos del mundo repercuten rápidamente en las economías locales por la interdependencia de la actividad comercial globalizada, apelemos pues a la inteligencia colectiva, concentrando capacidad. Ocupar espacios que involucren el futuro, ya que en pos de ese objetivo alguien lo está haciendo en competencia.
El factor humano estratégicamente capacitado en inteligencia competitiva sabrá cómo hacerlo.

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