La ganadería de Salta está pidiendo rienda

Céltico Rodríguez

La ganadería de Salta está pidiendo rienda

Iniciada una nueva campaña de vacunación contra la fiebre aftosa, se hace inevitable rever los resultados anteriores y encontramos que desde el 2008 por primera vez se presentan dos campañas (2014 y 2015) que no superan el millón de cabezas. El dato obliga al análisis.
Es difícil interpretar el presente; nuestros ganaderos, nuestra provincia y su potencialidad, son los mismos que produjeron el desarrollo de la actividad entre los años 1995 y 2007. Tal vez este hecho, que incluyó por primera vez a Salta en la mira de las metas nacionales ganaderas, sea la razón que encontró el anterior secretario de Asuntos Agrarios para aseverar que la provincia duplicaría su stock en 5 años. Pasaron siete y las cifras nos muestran un resultado diferente.
Hubo un error; seguir ignorándolo solo nos llevará a repetirlo.
La política productiva, para que sea exitosa debe ser generada desde el sector; es este el que apuesta, invierte, domina el mercado y apuesta a su competitividad.
El Estado debe estar presente para preparar la batería de soluciones donde el ganadero vea facilitado su objetivo.
Para ello es fundamental trabajar sobre indicadores ganaderos (índice de preñez, parición, destetes, radicación y retención de vientres, etc.), dejar los kilos consumidos y el pretendido autoabastecimiento para una posterior discusión.
Las vacas son de los ganaderos salteños, no de Salta; mucho menos de un funcionario transitorio. En consecuencia, desde un despacho no se puede ni debe fijar quien debe retener, cuantos kilos cargar a una cabeza, dónde y cómo terminarlo, dónde lo faena, ni a qué precio lo vende.
Eso es propio de la actividad. El éxito de la ganadería es el éxito de cada ganadero, trabaje en el eslabón que trabaje y venda y/o compre donde quiera o pueda.
El desconocimiento nos llevó a "comprar" paquetes cerrados, tal el caso de la ganadería integrada al bosque nativo (GIBN), o elaborar un proyecto de ley de fomento de la ganadería donde el único ausente es la ganadería. Afortunadamente, parece olvidada.
Las recetas foráneas -casi siempre del sur- parten de una realidad muy diferente a la nuestra, así también son diferentes las soluciones, resultados y expectativas, además de sus indicadores.
Es otra ganadería. Pero hoy, por hoy, existe una razón más valedera y de mayor peso.
El Gobierno nacional sostiene convencido -convencimiento que comparto absolutamente- que el desarrollo ganadero argentino se proyectará desde el NOA y el NEA. Así lo manifiesta José Cano, el director del Plan Belgrano.
Debemos aceptar el desafío y, desde Salta, proponer algo diferente. Si sabemos como hacerlo desde el Estado, estaremos facilitando el objetivo de recuperación por el que se esfuerzan nuestros ganaderos.
No convendrá caer en el error de dibujar otro -el enésimo- plan basado en el error de los anteriores, como ya pasó. Un plan supone algo estático y la ganadería es pura dinámica. Inmejorable oportunidad para trabajar -teniendo en claro la dinámica- en dos programas.
Uno para lo coyuntural, proyectado en lo inmediato, de recuperación y fortalecimiento, destinado al ganadero salteño que en soledad y pese a los desalentadores resultados de estos últimos 8 años sigue apostando a la actividad. Otro pensado en lo estructural, proyectado a futuro, de desarrollo ganadero. Ambos pueden ser la llave de entrada para decir al Plan Belgrano qué queremos hacer y cómo hacerlo en Salta, asegurando -a su vez- un resultado en beneficio de los objetivos planteados en lo nacional -obvio- como principal meta. Demostremos lo que valemos, Salta se lo merece.

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