"Tengo la necesidad de estar con la gente. Soy una agradecida de mis vecinos de El Carril y Chicoana y estoy de vuelta gracias a su rezos. Oraron mucho por mí", dice Elena Carolina Marín, la conocida payasa Pupé, que volvió a hacer reír a chicos y grandes después de sufrir un terrible accidente doméstico.
Pupé es de esas mujeres fuertes y optimistas, que le ponen el hombro a la vida y a pesar de las vicisitudes salen adelante.
Tras su cálida sonrisa hay una historia de necesidades y pesares. A principios de este año, un lamentable accidente en la cocina de su casa puso en jaque su vida. Mientras preparaba la comida para sus hijos, se prendió fuego toda la cocina. El aceite que estaba utilizando se le derramó en gran parte de su cuerpo, lo que atrajo las llamas que se ensañaron con sus brazos, el pecho y parte de su rostro.
"Fue tan horrible que pensé que moría allí. No recuerdo mucho más. Después me di cuenta de que estaba en la ambulancia y tenía intensos dolores en todo mi cuerpo. Pero al mismo tiempo pensaba en mis hijos y que tenía que salir de este dolor por ellos", le cuenta a El Tribuno con los ojos llenos de lágrimas.

Su personaje

"Mi nombre es Elena Carolina Marín, de 38 años, pero todos me conocen como Pupé, de 16 años, y las 24 horas del día", dice entre sonrisas que ocultan ese episodio que la marcó para siempre. Cuenta que hace dos años, a un amigo que se dedica a entretener fiestas infantiles necesitaba un payaso y, sin dudarlo un instante, se vistió de payasa y salió a divertir y divertirse.
"La gente se reía de mis ocurrencias. Mi sentí muy bien porque la gente se veía bien. Fue como un regocijo del alma. Solo Dios sabe por qué me puso en este camino", reflexionó.

El accidente

Su historia clínica resalta que el 40% de su cuerpo tuvo quemaduras de primer y segundo grado. La explosión le afectó parte del rostro, los brazos, cuello, pecho y axila. Hasta ahora ya fue sometida a tres cirugías. Le sacaron piel de la pierna izquierda para poder hacerle los injertos y aún faltan otras intervenciones quirúrgicas reconstructivas.
Llamativamente, en la memoria de Pupé hay vagos recuerdos del accidente, quizás como un mecanismo de protección frente a tamaña adversidad. Por el contrario, recuerda con lujo de detalles a toda la gente que fue a rezar por ella mientras estuvo internada.
"En el hospital pasó algo increíble. Llegaba gente que no conocía y se ponía a rezar al lado mío. Fue extraordinario porque cuando eso ocurría sentía que sus oraciones me aliviaban el dolor. Quien haya pasado por una experiencia parecida entenderá lo que cuento. El poder del rezo y el amor de los demás es increíble", contó.
Como la vida continúa, Carolina sigue adelante con sus tareas. "Volver a trabajar es lo que me gusta. Estoy en mi taller de costura porque me permite sostener mi casa y a mis hijos. Y también volver a lo que me apasiona: ser la payasa Pupé" dijo.
Su taller Coni y Manu funciona en la calle Gemes al 900 de El Carril. Allí hace todo tipo de costuras y alquila disfraces. Y para el fin de semana que viene ya tiene programadas cinco actuaciones.
Pupé agradece de manera especial a la Asociación de Payasos, a las municipalidades de Chicoana y de El Carril y, sobre todo, a la comunidad. "Se portaron muy bien conmigo; me gustaría hacer cosas para poder devolver lo mucho que me ayudaron", contó.

Su entorno en la vida diaria

Tiene dos hijos, uno de 11 años y una niña de 13. Lleva dos años con el personaje de Pupé, y no hay nadie que no la conozca en El Carril y Chicoana.

Entre costuras y disfraces

Su taller está en El Carril. Allí hace todo tipo de prendas y también alquila disfraces. Para este fin de semana ya tiene programadas 5 actuaciones.

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