"¿Pensás que Robbio Saravia hizo los méritos para ser juez?", preguntó El Tribuno digital a sus lectores. De 735 respuestas, 686, es decir el 93,7%, se pronunciaron por el NO. Solo 51 lectores lo aprobaron y en Tribunales bromeaban con que eran los amigos a los que Robbio Saravia había prometido un cargo en el Juzgado Contencioso Administrativo.
Luego de haberse adjudicado una vivienda en Lomas de Medeiros siendo secretario Legal y Técnico y, además, titular de tres inmuebles, y tras difundirse su bochornoso examen en el Consejo de la Magistratura, la posibilidad de que llegara a manejar juicios multimillonarios solo agregaron desprestigio a un golpeado Poder Judicial. Pablo Robbio Saravia quiso entrar a la Justicia "con un gol en órsay y en tiempo de descuento". El diputado Manuel Godoy lo había advertido y Urtubey se lo anuló. Pero el detonante fueron las denuncias de violencia familiar en su contra. La ley no las contempla como antecedente ante el Consejo de la Magistratura. También es cierto que, a pesar de que todos "algo habían oído", nadie fue a averiguar como corresponde. Lo dejaron pasar.
Rosana Alderete, símbolo de la violencia de género en Salta, había denunciado cinco veces a quien era su pareja y sería su asesino. A sus denuncias también las dejaron pasar. Ahora hay que revisar la ley y la práctica jurídica, pero quienes tienen a su cargo la decisión de elegir jueces no pueden seguir mirando para el costado, con esta ley, o con la que venga.

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