En todos los quioscos del mundo, inclusive en los de Salta, se apilan los libros del escritor Stephen King. Un norteamericano que sabe ganar millones de dólares publicando relatos y guiones de terror que el público y su audiencia aprecian.
King se dedica a impresionar a las personas con su imaginación y efectos de pánico, contando historias donde sus criaturas violan, generalmente, las leyes del espacio y el tiempo; de esta manera sus thrillers y relatos de suspenso mezclados con dramas, lo hacen taquillero y best-sellers.
King forma parte de la cultura popular y también está inserto en la llamada literatura del terror, sabe gestionarlo a tal punto que luego sus sagas pasan al cine y a la televisión.
Debido a las crisis en el mundo hay una suerte de acostumbramiento por el pavor, tal vez un goce de la misma civilización. King narra ese goce por lo siniestro para que lo gestione su lector.
El psicoanálisis reflexionó que lo siniestro seduce y a la vez es rechazado por las personas y causa inermidad.
Lo siniestro fue siempre un tema de autor. El filósofo Schelling dijo: "Lo siniestro nombra todo aquello que debió haber permanecido en secreto, escondido, y sin embargo ha salido a la luz". En 1906, el ensayista Ernst Jentsch escribió sobre la psicología de lo siniestro que sirvió de inspiración a Freud para producir, en 1919, su famoso texto "Lo siniestro". Y hoy está King revisitando lo siniestro con una estética postmoderna y sin la intelectualidad de los pensadores que lo preceden. El lector de King considera a sus historias como parte de una bella literatura pop.
Freud precisó que lo siniestro "está próximo a lo espantable, angustiante, espeluznante" y King se inspira con éxito en estas cuestiones angustiantes que funcionan bien en esta sociedad del miedo.

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