El capitalismo es un sistema de cooperación social voluntaria, basado en la propiedad privada y en la importancia de su respeto para la creación de riquezas, en el cual, tanto los beneficios como las pérdidas, corresponden única y exclusivamente a sus dueños. Casi todos saben que éste, se convirtió desde finales del siglo XVIII de manera progresiva en el principal propulsor de la economía de la mayoría de las naciones, pero lo que pocos conocen son cómo sus beneficios se expandieron a partir de aquel entonces, en el que casi el 90% de la población nacía en la pobreza y moría en ella sin oportunidad alguna de progreso y crecimiento personal, mientras que hoy la misma se ubica por debajo del 20%. Estamos hablando del responsable de los mayores avances sociales que sacó a 3.000 millones de personas de la pobreza en menos de 100 años.
Pese a lo dicho, los anticapitalistas siguen floreciendo por todas partes, orgullosos de su lucha, pero inmersos en un mar de hipocresía. Sostienen que el sistema le impone a la sociedad una forma de vida de la cual nadie puede escapar, obligándolos a comprar nuevos productos, a vivir de un trabajo quizás rutinario o mal pago, en fin, esclavizando al pueblo en sus diabólicas redes.
La única razón por la que los anticapitalistas viven dentro del capitalismo es una decisión individual, puesto que esa es la manera más sencilla de vivir y que, por más asco que les dé admitirlo, les facilitó la vida en todos los sentidos. Ese es el único motivo de tanto farsante criticando el capitalismo a través de Facebook, cómodamente por medio de sus smartphones y conectados a internet de alta velocidad. Si algo no les gusta, no lo compren, nadie los obliga. El capitalismo es la mejor herramienta en la historia de la humanidad para la creación de riqueza y su consecuente reducción de la pobreza, ya es hora de que adquiramos conciencia y lo defendamos como lo merece.

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