Decía Marx que la historia se repite, pero la primera vez como tragedia y la segunda como farsa. La frase estaba dirigida a Napoleón III, que, a diferencia de las tragedias de Napoleón, que exportaba la revolución por la Europa continental, no "llave en mano" sino "cañón en mano"; Luis, en cambio, importaba los desastrosos resultados de sus aventuras con Prusia y México.
Existiría algún paralelismo con estas repeticiones en el caso de la Economía, ya que las sucesivas crisis del capitalismo de "laissez-faire". que detonaron con la casi terminal de 1929 que se extendió hasta el advenimiento de la II Guerra Mundial, fueron caldo de cultivo, directo o indirecto, para la aparición de las dictaduras del fascismo y nazismo de la Europa central y comunista de la Unión Soviética.
Luego de la culminación del prolongado y sangriento conflicto, sin embargo, las economías, inspiradas en las ideas de Keynes, se encaminaron a un extenso período de crecimiento con pleno empleo que llegó a la década de los setenta del siglo XX, hasta que sucesivas complicaciones, como el elevado gasto público de Estados Unidos, el encarecimiento de las materias primas y su traslado a los precios junto a la caída de productividad ocasionada por las burocracias "keynesianas", impusieron progresivamente el retorno de la ortodoxia económica, reivindicando el mercado que nunca había sido abominado por Keynes pero nuevamente en su versión cruda del "laissez-faire", que eliminaba controles y se desentendía de los "heridos en batalla".
El resultado fue, por una parte, la reaparición de las grandes brechas de desigualdad que tanto preocupaban a Keynes, y, lo más impactante, la nueva gran crisis económica de 2008 de la que las economías mundiales no se han recuperado completamente, con nuevos "heridos" a su vez, como la economía china que junto a errores propios se vio fuertemente impactada por la crisis, para no hablar de Europa, cuya unión nunca fue muy sólida, pero cuyas falencias fueron bruscamente puestas de manifiesto también por esta crisis.
Sin embargo, probablemente la consecuencia más severa fue el desencanto que lenta pero progresivamente fue fermentando entre los excluidos que forjó el agrandamiento de la brecha de desigualdad, desencanto que está haciendo estragos en la Europa "unida" -crisis de España, Portugal, Grecia, Brexit- y que contribuye, junto con la crisis de inmigración y el terrorismo, al fortalecimiento de las propuestas políticas extremas en Austria, Francia, Italia y otras naciones europeas, a semejanza de aquéllas de la primera mitad del Siglo XX prohijadas por el capitalismo de "laissez-faire", propuestas que se alinean ahora bajo el moderno término de "populismo", cuya expresión más visible y con protagonismo directo, curiosamente, es Donald Trump en Estados Unidos.

Urgentes cambios

Todo parece indicar que, desde la Economía, se ha cometido un gran error en la apresurada resucitación artificial del "laissez-faire", que brega por la omisión de controles y el desentendimiento del Estado de las consecuencias del incremento en la productividad en algunos bolsones de la economía en tanto el resto se mantiene a otros ritmos, a la vez que no se hace nada para recuperar a los trabajadores que no cuentan con la formación adecuada para los cambios laborales y, en algunos casos, tampoco se generan esfuerzos para preparar a las nuevas generaciones en los desafíos de la demanda laboral futura.
Parece entonces que es el momento de repensar la Economía, para que se concilien las innegables ventajas del mercado libre con la necesaria dinámica del estado para estar presente allí donde se lo necesite, generando los instrumentos analíticos correspondientes. Desde la política, por su parte, se debería igualmente pensar en diseños que contemplen no solamente las demandas de los que "quedan adentro", sino también las de quienes están afuera y de aquéllos que podrían estar en riesgo de sumárseles si la política, conservadora o progresista, insiste en no tomar nota de su existencia. Hasta tanto, el avance del populismo, con sus diversos ropajes, seguirá su marcha.

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