Un récord de más de 200 millones de personas están habilitadas para votar en los comicios en los que Clinton aspira a convertirse en la primera mujer en la historia en llegar a la Casa Blanca y Trump busca capitalizar el descontento con la clase política tradicional y acceder a su primer cargo en la gestión pública.
El ganador sucederá al demócrata Barack Obama, el primer presidente negro del país.
Con todas las miradas sobre la carrera por la presidencia, los comicios también renovarán la composición del Congreso, algo clave para el margen de maniobra del futuro presidente.
Clinton, de 69 años, y Trump, de 74, llegan al día más esperado del largo año electoral en un virtual empate en intención de voto, lo que extiende la incertidumbre hasta el minuto final.
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Las últimas encuestas muestran a Clinton entre tres y cinco puntos por encima de su rival republicano, aunque los promedios de los sondeos más recientes apuntan a un final de bandera verde, con Trump liderando en algunos de los estados más decisivos a la hora de alzarse con el premio mayor de la Casa Blanca.
En este escenario, Clinton recibió el domingo una buena noticia, cuando el director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, informó al Congreso no haber hallado pruebas de que la demócrata deba enfrentar un proceso penal por haber usado una cuenta de email personal, y no la oficial, cuando fue secretaria de Estado.
La popularidad de Clinton, a quien se ve como una mujer dada al ocultamiento y un símbolo de un establishment político rechazado por la sociedad, se había desplomado cuando Comey reabrió, ocho días antes, una investigación sobre si había expuesto información clasificada usando su servidor de email.
Para los seguidores de Trump -y también para muchos otros estadounidenses-, Clinton es además uno de los ejemplos más acabados de la corrupción de la élite política del país.
Los sondeos se habían puesto parejos el mes pasado cuando Trump empezó a recuperar terreno luego de enfrentar acusaciones de abuso sexual tras la aparición de un video de 2005 en el que afirmaba poder tomar a las mujeres impunemente de sus partes íntimas gracias al hecho de ser un poderoso y célebre millonario.

Populista y nacionalista

El magnate neoyorquino, quien llevó adelante una campaña populista y nacionalista que caló hondo entre los blancos de clase trabajadora aquejados por la desindustrialización de algunas zonas del país y la pérdida de puestos de empleo, aterrizó ayer temprano en Florida, donde fue recibido por una multitud.
Luego de Florida, el republicano tenía previsto actos en Carolina del Norte, Pensilvania y New Hampshire, antes de su cierre de campaña por la noche en Michigan.
Trump ha prometido deshacer el legado progresista de Obama, incluyendo su histórica reforma de salud, así como reconstruir unas Fuerzas Armadas agotadas, renegociar acuerdos de libre comercio y revisar las alianzas del país.
Clinton, por su parte, arribó ayer a Pensilvania, donde tenía agendados tres actos en sendas ciudades, incluyendo uno en Filadelfia en la que estará acompañada por Obama y su mujer, Michelle, su marido, el expresidente Bill Clinton, y su hija Chelsea.

Respaldo de las minorías

La demócrata, cuyo apoyo se basa en las mujeres de mayor nivel educativo y los miembros de minorías, como afroestadounidenses, latinos, la comunidad LGBT, judíos y asiático-estadounidenses, cerrará su campaña por la noche en Raleigh, Carolina del Norte, en un acto con su esposo y su hija.
Hillary ha prometido continuar los logros de Obama pero también corregir lo perfectible, así como mantener las alianzas tradicionales del país en la escena internacional. Su plataforma económica incluye una fuerte suba de impuestos a los más ricos y una rebaja de la carga fiscal para aquellos con menos ingresos.
Hillary Clinton y Donald Trump llegarán hoy a Nueva York, la ciudad elegida por los dos para dar sus esperados discursos de victoria luego de que se conozca quién será, durante los próximos cuatro años, el presidente número 45 de Estados Unidos.

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