En el debate que republicanamente participaron cinco candidatos a presidente, Scioli con clara actitud antirrepublicana no asistió. Abandonó la silla.
La jornada de hoy puso en evidencia la importancia de la discusión y el debate de ideas en la vida democrática. El esfuerzo del candidato oficialista de presentarse como consustanciado y cómodo, en un contexto de pluralismo y libre intercambio de pensamientos, resultó totalmente infructuoso, no habiendo podido desarticular en su discurso el desprecio a la democracia formal -base u sustento de la democracia real y efectiva- que caracterizó especialmente a este estilo de gobierno durante los últimos 12 años.
El debate giró sobre temas centrales de la actualidad argentina, que preocupan a todos sus ciudadanos. Entre ellos, la calidad institucional, seguridad, educación, situación económica y medidas o planes a implementarse, y relaciones internacionales.
El electorado tiene ahora muchos más elementos para analizar y definir su voto. En mi opinión, Scioli no logró, porque no pudo o no quiso, analizar críticamente con agudeza y honestidad intelectual las políticas oficiales que generaron tantos graves problemas en estos temas y, por lo tanto, tampoco pudo definir sus posibles políticas futuras. Como dije al principio, Scioli perdió su silla. Ahora creo perdió también el sillón de Rivadavia.

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Sección Editorial

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