La infancia Mambrú

Rodolfo Ceballos

La infancia Mambrú

En la guerra contemporánea la ONU denuncia el uso de los niños para combatir por ideologías, intereses geopolíticos, etcétera. Ya contabilizó alrededor de 300 mil niños soldados.
Hay acciones de reclutamiento, están comprobadas las atrocidades contra los chicos en el escenario de la guerra y la impunidad por las violaciones a sus derechos.
El chico soldado es mano de obra barata y el Estado que promueve su incorporación a la guerra cuenta con el beneplácito de los padres o guardadores de los niños.
Y, en una muestra de que la guerra es un efecto del discurso dominante, en este caso la pobreza y la exclusión social, los chicos entran en combate como forma de salir de la miseria en que viven. Toman esa decisión para protegerse del miedo al futuro y darle una relativa seguridad a sus familias o para gozar de prestigio en la comunidad.
La popular canción de "Mambrú se fue a la guerra" es melancólica. Se sabe, el soldado no volvió más porque perdió su vida.
Las familias y el Estado beligerantes pueden crear los Mambrú porque se legitiman en la construcción social del discurso de la guerra, justificándolo como la acción necesaria.
Los niños son y han sido moneda política, instrumentos, símbolos e iconos de los guerreros.
La guerra actual es también el goce de una época, la de la globalización militarizada por la que el vencedor luego ejerce la segregación.
La "infancia Mambrú" no toma las armas porque quiere, es "esclava" de un orden que la rebasa. Hay un hecho en el militarismo: el niño es definido siempre en el discurso del amo como máquina de matar.
Los niños soldados se crean con el deseo de utilizarlos para destruir los cuerpos y bienes del enemigo.
Una infancia así es apetecible para un lazo social dominial, esa relación de dominante (Estado y familias que están en guerra) a dominado (el niño forzosamente reclutado).

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