Amenazas, lesiones, ataques en banda y hasta risueñas escenas de celos y despecho; a la semana sindical en Salta no le faltó nada. "Los muchachos están nerviosos y si hay otro cruce se van a cagar a palos... es necesario evitar manifestaciones de cualquier tipo y minimizar los enfrentamientos". Esa fue la orden que bajó desde los niveles políticos más altos de la municipalidad capitalina y aunque no tuvo un destinatario específico, reveló la preocupación que existe luego de los incidentes registrados el viernes de la semana pasada cuando miembros de la Unión de Trabajadores Municipales (UTM) que conduce Pedro Serrudo, irrumpieron en la sede del Centro Cívico Municipal y del Tribunal de Cuentas y provocaron todo tipo de daños. Durante el reclamo hubo agresiones a empleados que estaban trabajando, tiraron bombas de estruendo y rompieron instalaciones. La jornada terminó con seis heridos y la atención al público suspendida por los disturbios.
La UTM había convocado a la asamblea y manifestación para protestar porque un fallo judicial, impulsado por la Agremiación de Empleados Municipales de Salta (Ademus) dejó sin efecto un convenio por el cual la UTM tenía el derecho a cobrar un porcentaje de salario de cada trabajador, más allá de que estén afiliados o no.
Fue un triunfo gremial de César Molina, el líder de Ademus, pero que no tuvo una visión política inmediata sobre la reacción que provocó del otro lado.
Más allá de la dudosa legitimidad de este descuento compulsivo sobre el salario municipal que benefició a un sector gremial, es bueno señalar y condenar actitudes sindicales reñidas con la auténtica defensa de los intereses de los trabajadores en su conjunto.
Aunque se niegue a reconocerlo, Serrudo (el interminable sindicalista municipal) mostró todos los colmillos tras el fallo de la Justicia que le quitó el aporte coercitivo que obligaba a la comuna a aportarle el 1% de la masa salarial de los afiliados al gremio, además de un "aporte voluntario" de 1,5% del sueldo a los empleados afiliados a otro gremio.
La libertad sindical en los ámbitos de la comuna tuvo su capítulo más absurdo esta semana y la violencia que se impuso constituye un síntoma inequívoco de impunidad que tuvo su blindaje político en otros tiempos.
Así lo demostró la escena surrealista de Serrudo junto al exintendente y actual vicegobernador Miguel Isa y al ministro de Trabajo de la provincia Eduardo Costello en el acto del Día del Trabajador, horas después de los incidentes.
La violencia que se impuso en la interna sindical constituye un síntoma inequívoco de impunidad que tuvo su blindaje político en otros tiempos.
Exposición farandulesca o muestra de poder, la fotografía no ayudó al clima político y sindical en la comuna, sobre todo si se tiene en cuenta que la cartera de Trabajo evitó convocar a conciliación obligatoria para frenar la protesta de la UTM.
Es allí cuando necesariamente el análisis cruza a otros carriles donde la Provincia debiera ocupar un lugar imparcial o al menos de colaboración en un momento de crisis.
Más allá de eso, la violencia debe ser repudiada en todas sus formas. Por una situación similar, cuatro gremialistas aún permanecen detenidos en Tierra del Fuego y es que la protesta sindical no justifica bajo ningún aspecto la prepotencia y los actos violentos que vienen de la mano del padrinazgo político.
Serrudo acusa a los medios de atacar a la UTM, pero no interpreta que sus amenazas y su accionar quedaron en evidencia y que cruzó el límite que le da la inmunidad sindical, producto tal vez de ese estado de confort que le dan los años al frente del gremio.
Pero esa confianza es la que lleva muchas veces a la pérdida de la conducción. El caso va tomando similitudes con otro inacabable sindicalista que tuvo que resignar su espacio de poder tras muchos años en el gremio. Solo hace falta recordar lo que le pasó hace tiempo Oscar Cruz, el exlíder de la UTA, quien terminó en el ostracismo luego de conocerse un audio donde profería serias amenazas con la intención de contratar a barrabravas de Central Norte para apretar a empresarios. Hay mucho para hacer en la ciudad. La tarea de la comuna no puede quedar librada al accionar de bandas que buscan reivindicar cómodas posiciones políticas de una tiempo que ya fue. Hay que trabajar y los líderes sindicales tienen una responsabilidad ineludible.

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