El desarrollo de una actividad productiva reconoce sus rodamientos fundamentales en el estudio e investigación previa. Ignorarlo es un error que produce la inmediata desactualización de los procesos productivos, muchos de los cuales hoy están sensiblemente atrasados con relación al mundo, especialmente en el ámbito pyme.
Los adelantos y los conocimientos de punta, que son garantes de un planteo de competitividad, se sustentan en instituciones capaces de absorberlos y transmitirlos convenientemente adaptados a la producción o al empresariado.
Podemos imaginar que las multinacionales traen los conocimientos avanzados con innovaciones científicas y es así, son un complemento necesario. Lo que no podemos imaginar, es que nuestro desarrollo se va a sustentar en empresas extranjeras. Las metas son divergentes, las empresas naturalmente buscan la rentabilidad; el país en cambio, debe apuntar al desarrollo nacional. Por eso se crearon INTA, INTI, Conicet, etc. para que junto con las universidades, a las que también se pretende reducir su presupuesto, articulen el conocimiento con la producción, rol que estas últimas no han cumplido por la falta de comunión con las empresas privadas y aun con el Estado, vale destacar que se notan intenciones aperturistas en nuestro ámbito.
La función del Gobierno es lograr que todas esas instituciones funcionen con eficiencia, generen resultados y paguen buenos sueldos a los investigadores, la reducción del presupuesto no es ni siquiera un mal camino; no es un camino. Si la eficiencia fuera baja, deberá el Gobierno trabajar, con herramientas como los concursos y evaluaciones de resultados y gestión. No comprenderlo sería volver a dejar pasar el tren del desarrollo.
Es reconocido, en INTA Salta, el alto nivel de sus técnicos precisamente en lo referente a nuestras economías regionales, transformándose en actores claves para el logro de los objetivos apuntados. Por último resulta una contradicción incomprensible, prometer el Plan Belgrano, fijar como prioridad la agroindustria y simultáneamente reducir el presupuesto del INTA, cuando en realidad debió haberlo aumentado, con las exigencias de eficiencia apuntadas. Deberíamos asumir definitivamente que la eficiencia con excelencia, conforman el único camino para insertarnos competitiva e igualitariamente, en el concierto mundial.

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