"La juventud está perdida" es una frase que no pasa de moda, o que cada tanto vuelve, como los jeans tiro alto y las puperas. Todos hemos escuchado a una vecina repetirla, incluso a nosotros mismos se nos debe haber escapado. Les propongo que analicemos qué hacen los jóvenes: Pensemos en el presente de las personas entre 18 y 24 años: ¿trabajan?, ¿buscan trabajo?, ¿ayudan en casa?, o pasan cada día de su juventud delinquiendo y jugando a los videojuegos, dándole la razón a Doña Rosa.
"Mejor que te afeités, mejor que madurés, mejor que laburés".
En la Argentina, el 40% de los jóvenes entre 18 y 24 años está trabajando. No solo eso, entre todos los jóvenes que trabajan, un quinto declara querer trabajar todavía más horas. A todas luces, las generalizaciones no son buenas y decir que "la juventud está perdida" no es la excepción. Bueno, quizá no debería sacar conclusiones tan pronto... cualquiera podría retrucarme con un simple: ¿y qué pasa con el restante 60%?
Ya sabemos que poco más de la mitad de la población joven no trabaja, entre ellos un 9% está buscando trabajo, y el resto (51%) no trabaja ni busca trabajo y forma parte de lo que se conoce como la "población económicamente inactiva". Ahora sí, Doña Rosa me diría: "Viste, algunos trabajan, otros por lo menos están buscando, pero los que no hacen nada son un montón".
Para ser más exactos los inactivos entre 18 y 24 años son alrededor de 1,6 millones, contando solo en los aglomerados urbanos del país (con datos de la Encuesta Permanente de Hogares del segundo trimestre de 2015). ¿Qué hacen los que no hacen nada?
La mayoría de los jóvenes que están fuera del mercado laboral siguen estudiando (65%), ya sea terminando la escuela secundaria o recorriendo el camino hacia un título de nivel superior. Más allá de eso, todavía hay un remanente que no estudia, tampoco trabaja ni busca trabajo (17%), el grupo de jóvenes conocido como "ninis" (ni trabajan ni estudian ni buscan trabajo).
El Indec realizó una encuesta en 2013 que permite conocer cómo la gente emplea su tiempo. En este caso nos interesa analizar qué hacen los "ninis". Bueno, hay que decir que muchos de ellos ayudan en los quehaceres del hogar (73%), cuidan hermanos, abuelos, padres y/o hijos, saludables o no (44%), y solo unos pocos participan en actividades de voluntariado (5%) a través de una organización o de manera particular.
Todas estas son actividades principalmente realizadas por jóvenes... mujeres. Incluso las de cuidado de personas, de apoyo escolar y de trabajo voluntario son actividades totalmente feminizadas, donde 9 de cada 10 jóvenes que las realizan son mujeres.
Estas actividades son generalmente devaluadas e identificadas como improductivas. Sin embargo, la situación de los "ninis" es circunstancial. Solo un mínimo porcentaje de estos permanece bajo esa condición durante largos plazos, posiblemente por cuestiones de salud, discapacidad, por razones vinculadas al ciclo reproductivo y/o por la división sexual de las tareas que coloca a las jóvenes en actividades no valoradas por el mercado y, muchas veces, tampoco por la sociedad.

Los más desaventajados

Si reconocemos a la educación como una herramienta válida para que los jóvenes accedan a un puesto de trabajo, a través de los ojos de los desocupados veremos el vaso medio vacío. El 50% de éstos cuenta con un nivel educativo inferior al secundario completo. No obstante, este no es un condicionante para encontrar un trabajo, seguramente sí para conseguir uno de calidad.
Tener un trabajo tampoco significa estar en el mejor de los mundos. Casi 4 de cada 10 trabajadores jóvenes están en el sector informal, es decir que no cuentan con los beneficios del sistema de seguridad social: descuento jubilatorio, obra social, vacaciones pagas, entre otros.
Podemos mencionar como tercer y último grupo entre los más desaventajados, el de las mujeres abocadas a las tareas domésticas y al cuidado, con pocas posibilidades de elección sobre el uso de su tiempo.
Es por eso que considero que el diseño de políticas públicas orientadas a los jóvenes debe sustentarse en tres ejes fundamentales: educación, mercado de trabajo y protección social. El Estado debe propiciar el ingreso y retención de los jóvenes en el sistema educativo, la inserción laboral de calidad, y el acompañamiento con servicios particulares pensados desde una perspectiva de género, como por ejemplo los servicios de cuidado.

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