Cero en historia, pero en el arte de la política, Martiniano Molina, flamante intendente de Quilmes, está aprendiendo demasiado rápido, al menos cuando de justificaciones se trata. Más que un bache fue una "laguna" profunda del exchef.
En medio del recuerdo por el 40§ aniversario del último golpe de Estado, el cocinero y exjugador de handball confundió el Pozo de Quilmes, el tristemente célebre centro clandestino de detención durante la dictadura, con un problema de bacheo.
El Pozo de Quilmes o chupadero Malvinas, como también se lo llamaba, fue un centro clandestino de detención y maternidad clandestina que funcionó entre agosto de 1975 y enero de 1979. Entre noviembre de 1977 y febrero de 1978 denunciaron el secuestro de 251 personas que pasaron por ese lugar dónde se destacaba la presencia del cura torturador Christian Von Wernich. Ocurrió en Quilmes, en pleno gobierno de facto. Allí funciona actualmente la Brigada de Investigaciones de Quilmes.
Ante la lluvia de críticas, Martiniamo Molina salió a aclarar la confusión, pero al estilo de los políticos, que cambian sobre la marcha, aunque jamás permanecen callados.
Aseguró que confundió el centro clandestino de detención Pozo de Quilmes con un bache porque no escuchó bien la pregunta del periodista y pidió disculpas "si alguien se sintió ofendido" por el error.
"Mis viejos eran militantes en esa época de los 70. Yo me llamo Martiniano por Martiniano Martínez, quien fuera uno de los líderes de la resistencia en una película de Pino Solanas. No es que no tenga una historia con respecto a eso, yo interpreté mal porque escuché mal la pregunta", sentenció.
Sin dudas que en esta Argentina de hoy ya nada sorprende.
Y, como decía la novelista y filósofa francesa Simone de Beauvoir, "lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra".

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