Los "empresarios" Sebastián Pablo Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón salieron de sus domicilios en la mañana del 7 de agosto del 2008. Horas más tarde, se los tragaba la tierra. Pasaron seis días de especulaciones y cuando la hipótesis del secuestro extorsivo empezaba a ganar terreno, las cámaras de TV mostraron desde el aire una escena del crimen con tres cuerpos maniatados boca abajo. Esa no sería la primera ni la última mortaja descorrida en esta trama, donde abundan los aficionados a las mesas de dinero, los cheques "voladores" y el peligroso negocio de los remedios adulterados y la efedrina.
Pero el escenario no terminaría allí, porque paso a paso se fueron sumando nuevos protagonistas.
Ricardo Aníbal Pistone tenía unos 27 años cuando apareció muerto, a fines de abril de 2005. Fue encontrado ahorcado en una comisaría de la provincia de Buenos Aires. Su muerte, confusa y prematura, sería la primera de las muchas que tres años después configurarían el "Triple crimen de General Rodríguez". La versión periodística de la época entre ellas, la de la agencia DyN señaló que el preso estaba atado del cuello con un cordón a una canilla a no más de 70 centímetros del piso.
Ese caso policial que se extiende como una mancha de aceite sobre los pliegues más opacos del poder.
Entre las tantas escuchas investigadas se encontró una comunicación entre Pistone y un teléfono a nombre de Ariel Vilán, otro de los jóvenes trágicos de esta trama. Vilán era socio en la droguería Unifarma SA del empresario Mario Martín López Magallanes, que a su vez supo tener negocios con el fallecido Sebastián Forza.
El 24 de agosto de 2008, a sólo 11 días de que los cadáveres de Forza y sus amigos Leopoldo Bina y Damián Ferrón aparecieran fusilados en General Rodríguez, Vilán se arrojó desde el 9º piso de la casa de sus padres en el barrio de Caballito. Vilán estaba atormentado. Tenía miedo de acabar como sus amigos. Un temor similar supo confesar ante el fiscal de la causa, Juan Ignacio Bidone, un testigo de identidad reservada que había sido clave para la investigación y que apareció muerto en las vías del tren en Villa del Parque. La Justicia caratuló el deceso de Emiliano Nicolás Marcos como suicidio, pero los investigadores del triple crimen dejan entrever que hay varios puntos que no cierran. Así las cosas, repasar los hechos a la luz de estas nuevas revelaciones, las que vienen del pasado y las que van perfilando el futuro de la causa, como las detenciones, fuga y nueva detenciones de los hermanos Schilacci y Lanatta y el vínculo de uno de ellos con el detenido Ibar Pérez Corradi, permite entrever que el triple crimen es mucho más de lo que hasta ahora se creía. Que los muertos involucrados en la trama hace tiempo dejaron de ser tres. Que el zanjón de General Rodríguez, antes que una tumba improvisada, habría sido una escenografía montada con detalle.

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