Cuatro minutos y cincuenta segundos tardó en remontar vuelo el cóndor Luracatao. Entre el silencio de unas sesenta personas -había periodistas, familias de Brealito y Seclantás, y funcionarios provinciales y municipales- salió parsimoniosamente de la jaula en que había sido trasladado desde Buenos Aires hasta Salta. El ave majestuosa miró de soslayo a los hombres agazapados y mudos. Pronto desempolvó sus magníficas plumas oscuras y todo su cuerpo se vio transido por una fuerza sobrecogedora, como si el poder que en él iba brotando pudiera provenir tanto del exterior, de ese inefable paisaje, como de su interior, del rincón más ancestral y profundo de su alma. Los presentes no lo imaginamos, el ave rapaz desplegó sus alas y pareció saludar a los cuatro puntos cardinales antes de lanzarse en picada hacia una elevación montañosa. Se posó al frente de la gruta de la Virgen María, desde donde había sido liberado, y esperó un viento a favor para surcar los cielos espléndidos de los valles calchaquíes, a una altura inimaginable. Entonces se dio el próximo milagro, otra ave de su especie (que muchos estiman era su pareja que lo reconoció) le salió al paso y juntos trazaron círculos en la bóveda celeste. Luracatao, volverán a ser tuyos los repliegues y los grandes pedrones que penden de las alturas, también las montañas que encajonan la laguna de Brealito a veces azul, a veces verde.
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Abundante en otro tiempo, este animal emblemático se ha convertido hoy en un desafío de conservación. Para recuperarlo, en agosto de 1991 se lanzó el Programa de Conservación Cóndor Andino (PCCA), realizado en el marco del Programa Binacional entre Chile y Argentina, un ejemplo de colaboración internacional que ha logrado reintroducir 158 ejemplares en todo Sudamérica.
Su principal objetivo es asistir a la conservación de estas aves y su ecosistema, a lo largo de la cordillera, para asegurar la supervivencia de quien es considerado el Espíritu Viviente de los Andes.
El Lic. Luis Jácome, director del PCCA y presidente de la Fundación BioAndina Argentina, le contó a El Tribuno que el 9 de octubre de 2015 dos lugareños, Silvio y Margarita López, hallaron al cóndor Luracatao herido de muerte. En la provincia de Salta recibió los primeros auxilios de parte de personal de la Secretaría de Medio Ambiente y del Parque Nacional Los Cardones. Gracias al traslado, cedido por la Fundación Aerolíneas Argentinas, llegó al Eco Parque de Buenos Aires, donde veterinarios de esa institución lo intervinieron quirúrgicamente por un disparo de escopeta en la cabeza. Aunque pudieron extraerle la mayoría de los perdigones, Jácome señaló que lo más difícil fue "quelarlo", es decir, sacarle el plomo en sangre, que al intoxicarlo le hubiese provocado anemia y luego la muerte.
"El quitarle ese plomo de encima es un proceso bien largo. Lamentablemente, los cóndores cuando bajan a comer carroña si al animal lo mataron con balas de plomo ellos también se envenenan", advirtió.
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El animal fue cuidado y alimentado en un recinto sin contacto humano para conservar su cualidad de salvaje. Además se le puso un chip que permitirá, mediante el uso de transmisores satelitales, recibir datos de su posición. En su recuperación intervinieron SOS Faune Savage y Beauval Nature, entre otras fundaciones.
Ya son seis los pichones nacidos en la costa del Atlántico. Y el primero de ellos, bautizado Cayu, alcanzó en enero pasado su plumaje de subadulto, característico por su borla blanca alrededor del cuello. la supervivencia de los pichones consolidan los alcances de la conservación.
"Es un animal adulto y debe de tener su pareja, sus lugares de nido, su comunidad y seguramente recuerda perfectamente esta zona. De hecho, cóndores que hemos liberado muy cerca de acá en dos meses son capaces de volar desde Potosí (Bolivia) hasta Catamarca, más de mil kilómetros. Gracias a los sistemas satelitales que usamos vemos la capacidad de vuelo que tienen y cuáles son sus áreas de interés. La dispersión que tienen es enorme", expresó.
En 25 años de funcionamiento a través del Programa de Conservación del Cóndor Andino, se logró criar 57 cóndores, rescatar 197 y liberar 161.
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Animal totémico de los pueblos andinos

Según la visión incaica, el cóndor representa la libertad.
De acuerdo con el Programa de Conservación Cóndor Andino (PCCA), tanto los nacimientos como las liberaciones fueron antecedidos de ceremonias ancestrales, lideradas por representantes de comunidades originarias, quienes se encargan de elevar un rezo por el retorno de estas aves y por su armónica convivencia con todas las formas de vida del lugar. El acto previo a la liberación de Luracatao resultó particular, porque unió la ofrenda tradicional a la Madre Tierra, realizada por los pueblos originarios, un carnavalito danzado por alumnos de la escuela 4630 de Seclantás y la ceremonia de la Academia de Quechua Qollasuyo Salta, en la que se vieron representados el inca y su corte. La Lic. Katia Gibaja, quien preside la Fundación Ecos de la Patria Grande y la Academia, le explicó a El Tribuno que una liberación más de un animal totémico para su pueblo constituía un momento de regocijo. “El cóndor significa libertad y nuestro pueblo con él vuelve a tener su libertad. El cóndor cuando abre sus alas tiene cuatro metros de ancho y esto inspiró a quienes realizaron los caminos incas y preincas en las cumbres, que tienen cuatro metros de ancho para recepcionar al cóndor”, señaló. Añadió que esta ave, como permanece al lado de la misma pareja, simboliza el amor eterno. “Ellos viven entre 70 y 80 años y, por consiguiente, son un modelo de monogamia y del cuidado de los hijos para las sociedades actuales en las que estamos viendo tantas separaciones y abandono. El cóndor nos permite entender los paradigmas del pasado para resolver los conflictos del presente para la convivencia, las relaciones humanas y los valores axiológicos”, añadió. Pero existen otras razones por las cuales los aborígenes honraron al ave voladora más grande del mundo y se relacionan con su función en el ecosistema.
“El cóndor baja cuando ve que está el animal muerto y los otros alrededor sin poder aprovechar su carne y con el pico -como si fuera un bisturí o un cuchillo de chef- lo abre y es tan humilde que se come las achuras, las vísceras, porque sabe que eso descompone la carne y deja todo abierto para que los animales de la zona se alimenten. El cóndor es un símbolo para la convivencia humana, para el ‘sumak kawsay’, ‘el buen vivir’, que es una filosofía en base al amor que se está rescatando”, expresó. La emoción humedeció los ojos de quien vio a Luracatao ganar el cielo y para Katia el llanto ocurre porque en él “está implicada la germinación del conocimiento”.

El PCCA cría pichones en un centro de incubación artificial

Son criados en total aislamiento humano para luego liberarlos.
El cóndor andino tiene una muy baja tasa reproductiva. De acuerdo con el Lic. Luis Jácome, director del PCCA, esta ave necesita más de 10 años para alcanzar la madurez sexual, y cada pareja solo es capaz de criar un solo pichón cada dos o tres años. Sin embargo, en cautiverio se logra aumentar su capacidad reproductiva. Para ello, retiran el primer huevo de la temporada y dejan el segundo al cuidado de sus padres. Los huevos retirados de las instituciones zoológicas que forman parte del PCCA son incubados artificialmente en el Eco Parque de Buenos Aires. Jácome añadió que del 100% de los huevos fértiles resultaron pichones nacidos y que el 100% de ellos fueron incluidos en programas de liberación en ambientes naturales. Para lograrlo, son criados en aislamiento humano a través del uso de títeres de látex que representan a sus padres. Pasados dos meses, los pichones socializan con ejemplares silvestres, siempre manteniendo el aislamiento. “Ellos permanecerán en estas condiciones hasta completar su plumaje juvenil, pardo ocráceo, lo cual logran a partir de los seis meses de edad. Así estarán listos para ser incluidos en programas de liberación en todo Sudamérica”, determinó. Hasta enero de este año, estableciendo un récord mundial, el PCCA consiguió incubar y criar en aislamiento humano 51 pichones de cóndor. Todos ellos fueron derivados para planes de conservación in situ.
El PCCA recibe llamados de todo el país por alertas de ejemplares que han sido víctimas de cazadores inescrupulosos, heridos por trampas, que sufrieron choques contra cables de alta tensión, fueron envenenados por uso ilegal de cebos tóxicos o que han caído en manos del tráfico ilegal. Por ello surgió en 2002 el Centro de Rescate del Cóndor Andino (CRCA), una organismo de conservación que permite trabajar en el rescate y la rehabilitación de estas aves, con la finalidad de liberarlas en su ambiente natural o integrarlas a planes de conservación ex situ de esta especie. Para ello, se establecieron convenios de colaboración con parques nacionales, Gendarmería Nacional y todas las direcciones de fauna del país, que son los encargados de dar los primeros auxilios a los ejemplares rescatados. Una vez estabilizados, gracias a la colaboración de Aerolíneas Argentinas, son enviados de inmediato al Centro de Rescate que funciona en el Eco Parque de Buenos Aires para completar su proceso de rehabilitación, como ocurrió con Luracatao.
Aproximadamente el 70% de los cóndores que llega al CRCA puede ser rehabilitado y liberado en su ambiente natural. Otros, por la gravedad de sus heridas, pasan a formar parte de los programas de reproducción, educación e investigación del PCCA. Gracias a ello, esta institución ha logrado rescatar más de 130 cóndores en todo el territorio argentino, habiendo recibido un promedio de 10 cóndores al año.
Mirada al pasado
El PCCA, entonces, tiene dos aristas, que ellos emparientan con las alas del cóndor: el último adelanto tecnológico aliado a la cosmovisión de los pueblos originarios.
“Durante miles de años ellos, ya sean quechuas, diaguitas o mapuches, han honrado al cóndor como el mensajero, el que conecta al hombre con el espacio cósmico y esa relación que el hombre antiguo mantuvo está viva y es muy potente”, opinó Jácome. Por ello en su paso por Salta dejó un mensaje esperanzador y que apunta a la educación. “Ellos nos enseñan que somos hijos de esta tierra, que somos hermanos y debemos vivir en armonía con todas las formas de vida, y eso sucedió hoy en Luracatao”, concluyó.

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