Las imágenes de funcionarios revoleando dinero, expresidentes negando vínculos íntimos, funcionarios paseando por tribunales, arrepentidos, balanzas, fajos y fajos de dinero, nos han estremecido. Los cometeríamos un grave error si pretendemos, como sociedad, cazar corruptos sin ir a las causas profundas de la corrupción. No solo hemos estado gobernados por funcionarios "flojitos de ética" ni tampoco fue solamente nuestra desidia de aceptar todo lo que hacían aquellos que nos hablaban bonito y simulaban el robo sistematizado bajo las banderas más nobles. Todo eso influyó. Funcionarios hipócritas y una sociedad muy fácil. Al cóctel también podemos agregar una Justicia cobarde, controladores temerosos y fuerzas policiales y de seguridad también corrompidas. Inexorablemente, todos los actos de corrupción administrativa que vemos a diario se llevan a cabo en áreas del Estado que perfectamente pueden ser cubiertas por los particulares. No es que no exista corrupción entre privados. Sí la hay. Pero el mecanismo de mercado (precios, ganancias, valor de las acciones, contralor de los accionistas) es, más temprano que tarde, implacable. Sin embargo, cuando los actos de corrupción ocurren en reparticiones públicas, los incentivos llevan a la perpetuidad y a comprar voluntades para asegurar impunidad y ocultamiento.
Si la corrupción nos empobrece, nos amarga. Sepamos que cambiando de funcionarios hay alguna milagrosa posibilidad de no repetir la misma película. Pero si como sociedad queremos erradicar la causa de la corrupción, tenemos que minimizar el papel del Estado. Le confiamos al Estado todo. Los caminos, los puentes, las viviendas, las cunas de los bebés, los remedios de los jubilados, y nos encontramos con funcionarios millonarios, políticos hipermillonarios y los problemas sin resolver.

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Maria O.
Maria O. · Hace 4 meses

No hay que olvidar la historia reciente de Argentina y la crisis económica de los años 2000, 2001 y 2002 provocada por la ola privatizadora de Carlos Menem y Domingo Cavallo durante la década del '90, porque así como nos han estremecido los funcionarios revoleando dinero, mucho mas nos han estremecido la gente volcándose a las calles con sus cacerolas para manifestarse, nos han estremecido los bancos cerrando sus puertas y negándole a sus clientes el derecho de retirar sus ahorros, nos ha estremecido un ex presidente decretando el estado de sitio y renunciando a su mandato, para luego emprender la huida en helicóptero de de la Casa Rosada. Todavía continúa fresco en la memoria los disturbios y las muertes en Plaza de Mayo el 19 y 20 de Diciembre de 2001, los saqueos a los supermercados, y la larga fila de jóvenes en el aeropuerto de Ezeiza yéndose del país en busca de nuevas oportunidades en el extranjero. Todavía sigue estremeciendo y conmoviendo el suicidio de una eminencia de la medicina a nivel mundial como es el Dr. Rene Favaloro que tomó la decisión de pegarse un tiro en el corazón acuciado por las crisis económica de su fundación, fiel reflejo de la grave crisis que atravesaba el país. Todavía sigue estremeciendo el blindaje, el megacanje y todas esas patrañas económicas que lo único que hicieron es elevar la duda y la morosidad del país a niveles astronómicos y sigue estremeciendo e indignando la fuga de capitales de los grandes empresarios privados al exterior............Es increíble e inaceptable que todavía haya gente como el Sr Gustavo Lazzari que no hayan aprendido la lección. Si el estatismo es la madre de la corrupción, su padre es la privatización.

Maria O.
Maria O. · Hace 4 meses

Y su padre es la privatización y la libre economía del mercado


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