La duda que se planteó días pasados sobre si el presidente Mauricio Macri vetaría o no la ley del feriado nacional del 17 de junio nos trajo a la memoria las maniobras dilatorias referidas al monumento al general Martín Güemes.
Nuestros comprovincianos del pasado que sufrieron en carne propia la pérdida física de Güemes, al final murieron sin haber visto su reivindicación, pese a que murió en plena guerra de la Independencia. Y así fue que hubo que esperar 110 años para que aquí, en su suelo natal, se erigiera un monumento en su memoria.
Y el clamor por erigir un monumento al ahora Prócer Nacional surgió entre sus amigos y compañeros de armas, inmediatamente después de su muerte. Pese a ello, hubo que esperar 56 años para que alguien lo pidiera en voz alta.
Y esa voz se levantó el 14 de abril de 1877, cuando los restos de Güemes fueron exhumados por segunda vez para luego ser trasladados desde la vieja catedral (exiglesia de los Jesuitas) hasta el mausoleo que la familia había erigido en el cementerio de la Santa Cruz.
Sin embargo, debieron pasar ocho años más, hasta 1885, cuando surgió la primera iniciativa oficial de honrar la memoria de Güemes. Sus autores fueron el coronel Juan Solá y el historiador Angel Justiniano Carranza. Solá era gobernador de Salta y Carranza, el primer historiador que reclamó reconocimiento nacional para Güemes, enfrentando a la corriente histórica que lo catalogaba de "caudillejo" y negándole condición de héroe nacional.
Pero la dupla Solá - Carranza fue más lejos aún: propuso por primera vez que se recordara la muerte de Güemes con una "Velada conmemorativa del histórico 17 de junio de 1821". Y la organizaron.

Las comisiones

Luego de la propuesta del gobernador Solá, se constituyeron dos comisiones, una aquí y otra en Buenos Aires. Entre otras cosas, debían decidir donde emplazar el monumento. En 1898, ambas se fusionaron y coincidieron en que el sitio apropiado era la plaza 9 de Julio, lo que de inmediato fue aceptado por la mayoría de los salteños. Pese a ello, 11 años después (1909), la iniciativa llegó al Congreso de la Nación. Fue cuando se sancionó la ley 6.285, que promulgó el presidente Figueroa Alcorta. En esa norma, que creaba la Comisión Nacional del Centenario de la Revolución de Mayo, se insertó un artículo que ordenó: "Erigir en la Ciudad de Salta una estatua ecuestre al Gral. Güemes". Luego se destinaba una partida presupuestaria.
No bien Figueroa Alcorta promulgó la ley, aquí en Salta se desató una puja por el lugar del monumento. Y aunque la plaza 9 de Julio ya era el lugar elegido, las autoridades resolvieron emplazar allí el monumento a la Independencia Argentina, con estatua y todo: la del general José Alvarez de Arenales. Así, muy elegantemente, se desplazó a Güemes del centro de la ciudad mientras se le asignaba un descampado en la periferia. Se adujo que sería vecino al Palacio de Gobierno (Legislatura). Para ese baldío, montoso aún, llegaron los fondos de la ley 6.285 que fueron usados para ponerlo presentable. Por supuesto, el Gobierno nacional también era cómplice de dilatar el homenaje al General. De todos modos, así fue que nació la plaza Güemes.

La plaza Güemes y sus dos piedras

Los gobernadores Linares y Castellanos pusieron sendas piedras basales. El 20 de febrero de 1910 la plaza Güemes ya estaba lista para albergar el monumento a Güemes. Más aún, el entonces gobernador Luis Linares colocó la primera piedra fundamental del futuro monumento en el centro del paseo. Después, por años, se hicieron amagos de levantar el monumento pero todos los intentos quedaron en la nada. Arturo Dávalos habría traído a colación su cuento del “Cura y el opa”, a quien siempre “se le medía el traje pero nunca se concretaba”.
Y así fue que diez años después, en 1920, faltando escasamente un año para que se cumplan los primeros cien años de la muerte de Güemes, el monumento aún estaba en veremos.
Y como el centenario ya estaba encima, el presidente Hipólito Yrigoyen, a instancias del gobernador Joaquín Castellanos, tomó cartas en el asunto y nombró una “Comisión Nacional de Homenaje al General Güemes”.
Finalmente, al cumplirse el centenario, el 17 de junio del 1921, el gobernador Joaquín Castellanos nuevamente colocó, no se sabe si en el mismo agujero, la segunda piedra fundamental del monumento en la plaza Güemes.
A todo esto, en el Congreso de la Nación los diputados Ernesto Padilla y Alberto Méndez Casariego, seguramente “tocados” por alguien, presentaron un proyecto de ley que generosamente ampliaba la partida presupuestaria para el monumento, pero incluyendo como al pasar, una trampita: “Para que se lo emplace (al monumento) en el sitio más conveniente de la ciudad de Salta o de sus alrededores”. De esta forma, se modificaba sutilmente la ley anterior, que decía que el monumento debía ser emplazado en la ciudad y no fuera del radio urbano o en sus alrededores.

El artista

La elección de quien debía crear la estatua de Güemes se hizo por vía de un concurso. El ganador fue el escultor Víctor Juan Garino, un artista de una extensa y meritoria trayectoria. Se dice que su proyecto se inspiró en la evocación güemesiana de Leopoldo Lugones, plasmada en “La guerra gaucha”. Garino ganó el primer premio en el concurso realizado en 1922.

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