La verdad nos duele, desde hace mucho tiempo nos duele. La pobreza es una realidad preocupante que se consolidó en nuestro país a lo largo de los últimos años.
Mentir al respecto fue negar el abandono, el hambre, la falta de oportunidades y el sufrimiento de quienes menos tienen.
Después de años de ocultamiento pudimos sincerar el INDEC y este informó que el 32,2% de los argentinos es pobre y el 6,3% se encuentra en la indigencia. Es decir que uno de cada tres habitantes de nuestro país es pobre.
Esta desigualdad se agrava en el norte y noreste argentino donde las cifras trepan al 35,8% y 40% respectivamente.
La pobreza implica generaciones que pierden la esperanza y la posibilidad de soñar un futuro mejor. En este contexto es donde muchísimos jóvenes nacen y crecen: 2.631.600 de ellos se encuentran por debajo de la línea de pobreza y no pueden satisfacer sus necesidades básicas alimentarias y esenciales.
No podemos permitir que los jóvenes sigan regalando su futuro. Si no construimos con ellos un presente hoy, de nada sirve pensar en un mañana.
Deberían elegir
Nos duele que haya jóvenes que tengan que irse de donde nacieron porque allí no encuentran posibilidades. Ellos deberían poder elegir. Poder decidir en qué lugar del país vivir y cómo hacerlo.
Para lograr esto estamos fortaleciendo las economías regionales, especialmente en las provincias del Plan Belgrano, para así potenciar los sectores más productivos y vulnerables. Queremos un país con igualdad de oportunidades para los jóvenes.
Este trabajo es con ellos, en conjunto, escuchando qué es lo que quieren. Estando presentes.
Orientándolos en sus vocaciones y capacitándolos en oficios tradicionales y digitales para luego acompañarlos en el desarrollo de sus proyectos.
Esa es nuestra meta con las Casas del Futuro: que los jóvenes en cada provincia encuentren un espacio para formarse, construir un proyecto de vida, sociabilizar con otros y conocer profesionales que los incentiven a perseguir sus sueños.
Queremos que sepan que con dedicación y esfuerzo todo es posible. Cuando un joven descubre el potencial que tiene y explora todas sus posibilidades, nadie le puede impedir que construya una realidad mejor para sí mismo.
Es en esta etapa de la vida donde se definen sus deseos y ambiciones más profundas. Y sin ellas, no hay futuro posible ni incentivo que valga.
Desde el Estado asumimos la responsabilidad y nos comprometimos a trabajar para que las cifras que publicó el INDEC sean cada vez menores. Para lograrlo tenemos que, entre todos, acordar consensos, conversar, dialogar, buscar soluciones y políticas públicas a largo plazo.
Esta no es una lucha de unos contra otros ni una discusión entre partidos políticos. Es una batalla que tenemos que dar todos juntos hacia un único objetivo: terminar con la pobreza.
No vamos a decir una cosa por otra, no vamos a ocultar esta realidad y mirar para otro lado. Porque no nos interesan los aplausos: nos importa la gente que hoy y cada día sigue luchando por nuestro país.
Durante mucho tiempo nos dijeron que la inseguridad era una sensación, que la inflación no existía y que la pobreza era menor al 5%. Pero como nuestras abuelas siempre nos dijeron, las mentiras tienen patas cortas.
El primer paso para construir la Argentina del futuro era decir la verdad. Ahora trabajemos todos juntos.

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Sección Editorial

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