Hace tres meses Silvia Valencia, de 61 años, se jubiló como enfermera profesional en el puesto sanitario de Brealito. Como su corazón ya estaba en los Valles Calchaquíes, decidió alquilar una casa en Seclantás junto a su marido, también enfermero jubilado, de 58 años.
Considerada por sus superiores como "la Messi" de las enfermeras por su gran entrega y vocación de servicio, todos lamentaron su jubilación.
"Mi gerente me dijo que no se alegraba que me fuera. Costó y todavía cuesta. A veces sigo yendo al hospital y metiéndome por todos lados", contó esta inspiradora mujer.
"Ahora tengo más comunicación", explica, ya que en Brealito no hay señal y se comunicaba por radio con el hospital de Seclantás. Va seguido a Salta capital porque tanto ella como su marido tienen a sus madres grandes.
Una vez jubilados, comenzaron a formar parte del Club de Leones para hacer servicio comunitario y "no envejecer al vicio".
"Estoy haciendo la extensión de lo que hacía. Si alguien quiere colaborar con libros, calzado, ropa, anteojos y/o frazadas, puede comunicarse al 0387-155530404 o en la sede de la institución, Manuela G. de Todd 678, de Salta capital", cuenta Silvia.
Y agrega: "Me enamoré de los Valles Calchaquíes porque hay paz, tranquilidad, aire puro y gente pura. Nadie te roba ni te va a hacer daño. Por lo menos así lo viví yo. Hoy sigo yendo a Brealito. Los visito, almuerzo con uno, tomo el té con otro. El Día del Niño vamos a hacer la fiesta para todos los niños. Desde hace cinco años les hacemos un agasajo y ellos están felices, porque no conocen las fiestas de cumpleaños", asevera la mujer.
"Me enamoré de los Valles Calchaquíes porque hay paz, aire puro y gente buena. Nadie te va a hacer daño"
Silvia Valencia, enfermera jubilada
Silvia tiene dos hijos y una hija. El de 42 años vive en Ushuaia, es bombero, taxista y árbitro de fútbol. La mujer, de 40, está en Chicoana y se dedica a la repostería. El más chico, de 37, trabaja en forma independiente. Tiene 13 nietos y un bisnieto.

Peregrinación

El Tribuno conoció a Silvia en septiembre de 2015 cuando, en tiempos del Milagro, acompañó a los peregrinos que salían desde Brealito.
La encontramos pintando las paredes del puesto sanitario. Su marido, a unos metros, le cebaba mate. "Yo pinto, arreglo, pongo las flores, cuido el jardín, que en octubre van a estar grandes. Voy a dejar lindo, vamos a acomodar y a pintar todo el frente", contó.

Un paraíso

Silvia vive junto a su marido en Brealito desde 2009. Antes trabajó 20 años en el hospital Del Milagro, en Salta capital. Era jefa de esa guardia cuando surgió la posibilidad de instalarse en los Valles Calchaquíes.
"Vivir acá es un canto a la vida. El ruido son los pájaros, el río y nada, la paz. En la zona viven 134 personas entre los cerros y la laguna, según el censo que hicimos en 2010. No hay maldad, no hay droga, no hay robos. Solo dejamos la puerta cerrada, sin llave, para que no entren las cabras ni los perros", explicó.
Manifestó también que, aún hoy, la mujer de los valles, en general, es muy servil. "Mi marido colabora con todas las tareas del hogar y, cuando llegamos, todos lo miraban asombrados", cuenta.
Con respecto a la situación sanitaria actual, señaló que no hay tuberculosis ni sida en la región. Además, resaltó la idiosincracia local: "Las personas son muy sanas y, sobre todo, no son como en la ciudad, que si se cortan la uña van al especialista. La gente es de un gran corazón, humilde, sencilla, pero buenísima".

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Mirtha Abalos
Mirtha Abalos · Hace 4 meses

Felicitaciones¡¡¡¡ por todo lo que brindó a la sociedad y a la comunidad de Brealito . Felicito además por la caracterización del paisaje natural y social del lugar, eso se siente y se vive¡¡ qué nunca pierda esa particularidad , brinda salud social, espiritual y mental ¡¡¡grande¡¡¡ siga apostando por la salud a través de lo que hace. Mirtha