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La odisea de tra­mitar el carnet de conducir por primera vez
Sacar el carnet de conducir en Salta puede ser, desde el vamos nomás, una sucesión de trámi­tes muy cercanos a la odisea que puede consumir de 5 a 7 mañanas, como si cada solici­tante tuviera todo el tiempo del mundo, tolerancia celestial y paciencia infinita.
El tránsito por las dependencias munici­pales del Hiper Libertad parece una dura prueba de resistencia personal más que el cumpli­miento de una serie de atendi­bles requisitos para obtener el documento.
Los dolientes que esperan se quejan. "Estoy desde las 7, ya es el mediodía y acá no pasa na­da", dicen. Muy excepcional­mente alguien levanta el tono para reclamar o increpar a al­guien por lo que debió haber sido y no fue. La norma parece ser: resista y pague o pague y resista. Nadie se puede ir de ahí porque es un trámite que hay que hacer o hacer.
Al frente, las ventanillas sue­len estar vacías con demasiada frecuencia porque algunos em­pleados "ya vienen". ¿De dón­de?, ¿no deberían estar ahí? Y cuando aparecen detrás del vi­drio, por fin, la cola de gente se reacomoda, revive la esperan­za, pero nada garantiza que lle­guen las "buenas noticias" y menos los buenos tratos.
Pero, por suerte, acá también juega la compensación que permite no "morir en el inten­to", y entonces desde alguno de los divisorios de Durlox apa­rece el rostro salvador del em­pleado o empleada que resuel­ve, agiliza, orienta... ¡Y con buenos modos, con ganas y hasta con una sonrisa! Sí, por­que también los hay, y no po­cos.
En el pasillo de escasas di­mensiones donde se hacen los trámites, la temperatura sube y sube; la del ambiente quizá ro­ce los 40º y la del ánimo de los contribuyentes ni se sabe hasta cuánto puede trepar. Pero ahí están, estoicos, agobiados, lle­nos de bronca, con hambre y sed, "presos" de un sistema que a lo largo de doce años consolidó vicios burocráticos y maltrato a los contribuyentes.
Parte del elefantiásico paquete heredado por la administra­ción municipal que asumió en diciembre.
Día por día
Veamos un ejemplo real con las peripecias que vivió María cuando fue a tramitar su pri­mer carnet para conducir en el Híper Libertad.
Día 1: María estuvo a las 8.30 frente a la puerta donde se lee un cartel que dice: "Horario de atención de 9 a 17". Ya había unas 15 personas esperando. A su turno, le dieron un papel con los requisitos.
Día 2: Llegó a primera hora, entregó la fotocopia del DNI y le imprimieron un formulario del Cenat (Certificado Nacional de Antecedentes de Tránsito) con el que se dirigió al Pago Fá­cil para pagar $100. Otra cola en ese lugar porque comienza su atención a las 9. Volvió a Tránsito y con el Cenat pagado, para seguir el trámite, pero ya "había mucha gente", los em­pleados no terminarán de atender hasta las 17, por lo que el trámite pasa para el día si­guiente.
Día 3: María estuvo en el lugar a las 8. Ahora sí, con el Cenat pagado le dieron un número y a los pocos minutos la llama­ron para completar una ficha personal y sacarse la foto. Ahí le dieron el formulario para el examen psicofísico que obliga­toriamente debe hacerse en el centro médico del Libertad. Y debe hacerse después de la charla de Educación Vial (no siempre se respeta ese orden y por supuesto que nadie explica por qué). Además, desde el ini­cio del trámite deben pasar 24 horas para asistir a la charla teórico-práctica.
Día 4: Los horarios para la charla son de 7.45 a 13.45. Ma­ría llegó a las 8 y una vez en la cola alguien informó que "solo entrarán 27 personas" (después de ese día, colocaron un cartel con este requisito). Ella pudo asistir, pero más de la mitad de la gente quedó afuera ese día, pese a haber pasado las 24 ho­ras exigidas y cumplidos los otros requisitos.
Día 5: Todo listo para rendir el examen teórico, desde las 10.30. Otra vez, un alguien de­trás del escritorio avisa a la cola de gente que "hasta acá" (los 6 primeros) se les toma seguro, los demás dependerán del tiempo que demoren "los otros". La única ventaja en este punto es que la prueba es múl­tiple choice, por tanto, de rápi­da respuesta, con lo cual, a me­dida que unos terminaban, pa­saban otros que esperaban afuera. Ahí mismo, tienen que esperar el resultado. Si aprue­ban, dentro de 48 horas tienen el turno para rendir el práctico.
Si desaprueban, deben volver a la oficina para pedir la autori­zación que les permita volver a rendir dentro de 30 días.
Día 6: María fue a las 8.30 a ha­cer fila para la prueba práctica en el playón del Híper Liber­tad. Aprobó el examen, tras lo cual el instructor le dijo: "Ma­ñana desde las 8.30 podés reti­rar el carnet".
Día 7: A las 8, María y su ansie­dad estuvieron en la oficina pa­ra retirar, por fin, el anhelado plástico. "Todavía no trajeron los formularios de los que rin­dieron ayer", fue la respuesta.
La joven fue a reclamarle al instructor, a lo que el funciona­rio le contestó: "Yo llevé los for­mularios, deben estar demora­dos en otra oficina". María vol­vió a la "otra oficina" donde le informaron que al carnet se lo dan "48 horas después de aprobar la práctica". La chica, ofuscada a esa altura del trámi­te, regresó a su casa para volver al Híper al mediodía, en una de esas tenía mejor suerte, porque unos empleados le dijeron una cosa y otros, otra.
Su suerte fue mejor a medias: la llamaron para darle el plástico, pero esta­ba mal impreso el año de su nacimiento, detalle no menor que ella había advertido en el inicio del trámite pero no fue corregido en el sistema. Tuvie­ron que cargar todos sus datos nuevamente porque sin la co­rrección, el carnet tenía validez solo por un año, cuando en re­alidad le corresponden 5.
Finalmente, en el séptimo día y tras el pago de $390 (antes pagó $100 por el Cenat y $320 a los médicos) la "principiante" tuvo su carnet.
Y colorín colorado... la cuasi epopeya había terminado.

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Sección Editorial

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