Nosotros, patriotas argentinos, ¿por qué peleamos? ¿Hacia dónde se orientan nuestros esfuerzos? Hacia la Patria; pero ¿por qué quienes arrasan con el tesoro y las instituciones también vociferan que luchan por la Patria? ¿Quién es el juez o árbitro entre nosotros?
Jaime Talledo de Lama, de la Universidad de Piura, sostiene que hoy vivimos en una democracia relativista en donde no hay verdades, sino "mi" verdad o "tu" verdad y, seguidamente, señala que el hombre moderno vive dándole la espalda a las verdades atento a que teme respuestas que no sean las que desea.
Y eso es lo que ocurre con la Patria. Concepto difícil al cual acuden tanto los políticos en campaña, como también la sociedad cuando eufóricamente alienta a su equipo en un Mundial de Fútbol o cuando celebra las fiestas cívicas de mayo y julio.
Pero allí queda, en la banalidad, en el relato y en la hipocresía. Y es todo esto justamente lo preocupante en una sociedad que esboza sensaciones de superación y progresismo, pero que a su vez no ha dejado atrás el gatopardismo, cuyos intentos reformistas no han sido más que meros simulacros de cambio, manteniéndose todavía el antilegalismo cultural que el propio Carlos Nino sintetizaría en la anomia que nos lleva a estar al margen de la ley.
Entonces, ¿acaso la Patria es la bandera, la escarapela o el escudo? No, pues cuántas injusticias sufrió este pueblo con la antesala del himno o de manos de alguien que lucía la escarapela celeste y blanca o que, sentado en su despacho delante de la bandera, cometió los más aberrantes actos de corrupción.
Claramente, el patriotismo, tiene destellos que trascienden y se revelan en el día a día de cada argentino que participa de la simbología nacional con orgullo. Pero no todo el que levanta la bandera es patriota, pues los hay traidores, golpistas y demagogos. Todos ellos, con el afán de lograr sus parcialidades y propagar sus mendacidades, vestirán siempre de celeste y blanco enmascarando aquel egoísmo que no es virtuoso y que se ha propagado en una sociedad entera.
El patriotismo no queda allí, ni siquiera en algún concepto oligárquico como el "ser nacional", como aquel que ufanaba Julio Argentino Roca; tampoco lo es el gauchaje que describió José Hernández, pues en todo caso quien imita aquel estereotipo no hace más que reproducir costumbres o realizar homenajes, pero eso no lo hace acreedor de los primeros honores de ciudadano.
Y es acá, donde descartadas algunas ideas, es posible hacer un esbozo del patriotismo o, por lo menos, abrir un debate que no debe dormir jamás. Así, allí donde hay un hombre que lleva orgulloso los valores de la Patria, hay alguien que actúa con justicia, desde que se despierta hasta que el día acaba; hay alguien que ante un acto de corrupción se enerva y frente a la posibilidad de cometerlo se avergenza; hay alguien que prefiere dialogar y confraternizar y no dividir y odiar; hay alguien que enseña la Constitución Nacional, que la observa y la hace observar.
La Patria está en esos actos que, en definitiva, se traducen en el deseo de engrandecimiento del país y que son el resultado de un sentimiento de paternidad que nos envuelve y nos conecta con nuestra Nación.
Vemos a la Patria como a nuestra madre: la amamos, la honramos y la cuidamos. Y es allí donde se encuentra el inexplicable sentimiento nacionalista que nos conduce a un eterno agradecimiento por haber nacido de ese vientre terroso.
Allí, seguramente, habrá un patriota... aunque, sin dudas, queda abierto el debate, -el cual insisto- debe ser constante y en todos los actos de nuestra vida cotidiana.

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