Aquello de "la foto es mala, pero la película es buena" puede aplicarse en estos días al negocio de las carnes y el ganado. Los números de la producción de carne vacuna que dieron a conocer tanto el Consorcio de Exportadores de Carnes (ABC, en sus siglas en inglés) como Ciccra muestran una fuerte caída en la faena del 7,8 por ciento en septiembre respecto de agosto.
Las exportaciones, en cambio, experimentaron un leve repunte, cercano al 11 por ciento. Todavía es mucho más bajo que lo esperado por los especialistas tras la baja de las retenciones, la devaluación y la eliminación a las barreras al comercio que decidió el presidente Macri en diciembre de 2015. Está pasando lo que iba a pasar: faltan animales pesados tras el modelo de "ternericidio" que promovió el anterior gobierno al incentivar la faena de animales más chicos en detrimento de los novillos pesados.
Hay quienes advierten esas señales de cambio. "Hay gente que está comprando comederos para recría y otros buscan alambradores", dice Roberto Guercetti, presidente del Grupo Conecar, de Carcarañá, provincia de Santa Fe. En otras palabras, la rueda de la inversión comenzó a moverse. "Los novillos no están, hay una brecha todavía que comenzará a cerrarse en 2018", explica.
Este escenario había sido anticipado por la Mesa de las Carnes, que prevé pasar de una producción de 2,5 millones de toneladas de carne a 3,8 o 5 millones de toneladas en 2025 y 2030. Este aumento, traccionado por la exportación, podría generar divisas por 10.500 millones de dólares, casi diez veces más que la cifra actual.
Para llegar a ese número, en la cadena crece el consenso de que es imprescindible superar las trabas estructurales. La más importante de ellas es la marginalidad de buena parte de la industria frigorífica que deja fuera de competencia a las empresas que cumplen con sus obligaciones tributarias, laborales y sanitarias.
Los industriales creen que no sólo es cuestión de quienes manejan las plantas de faena, sino que esta forma de operar se extiende a la producción. Un negocio ganadero y de las carnes de siglo XXI debería dejar atrás estas modalidades.
En la Mesa de las Carnes dicen que están trabajando sigilosamente para regresar a las prácticas modernas. En breve se proponen presentar junto con el Gobierno un nuevo sistema de trazabilidad bovina y lanzar una serie de iniciativas con el comercio en negro.
Mientras tanto, industriales, productores y funcionarios están ansiosos por lograr algún cambio. El lugar elegido es París, donde a partir del lunes próximo se realizará el Salón Internacional de la Alimentación (SIAL).
El intento de abrir mercados llegará a Rusia, donde el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, se reunirá con su par, Alexander Tkachyov, y con el presidente del Servicio Federal Veterinario y Fitosanitario ruso, Sergey Dankvert. También habrá una delegación empresarial y representantes de los gobiernos de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y Mendoza.
Si la salida exportadora comienza a concretarse en los hechos, al Gobierno se le presenta el desafío de no caer en la contradicción entre lo que dice y lo que hace ni quedar atrapado en la lógica de la pugna de la política interna.
Con la decisión de postergar para 2018 la rebaja de 5% en las retenciones a la soja prometida en la campaña electoral cayó en esa doble trampa.
Con un criterio más político que económico, cedió frente a quienes le decían interna y externamente que "le había dado mucho al campo" cuando bajó los derechos de exportación en diciembre pasado.
¿Resistirá a las noticias sobre el aumento de precios de la carne en un año electoral?
Es una incógnita difícil que deberá comenzar a despejar en los próximos meses.

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Sección Editorial

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