La película de terror de Brasil

Nicolás Tereschuk

La película de terror de Brasil

El Banco Central de Brasil duplicó la estimación de caída del producto que espera para este año, aunque ese dato es solo uno de los que preocupan de la economía del vecino país que, por su volumen, también impacta en socios comerciales como la Argentina.
Puntualmente, la previsión de la autoridad monetaria brasileña es que la economía se contraerá un 3,5 por ciento este año, en lugar del 1,9 que planteaba hasta ahora.
Luego de la caída de 3,8 registrada en 2015, el gigante sudamericano ya atraviesa su peor recesión en 25 años, en medio del duro golpe por la caída de los precios del petróleo, el mineral de hierro y otros commodities, así como la crisis política que atraviesa.
Las previsiones del Banco Central también empeoraron las perspectiva de la inflación, que pasaron de un 6,3 por ciento a un 6,6 por ciento anual.
En ese contexto, la autoridad monetaria brasileña espera provocar una abrupta caída de la inflación: es que el año pasado el índice de precios tocó un 10,67.
La receta no es otra que mantener tan alta como está la tasa de referencia, en un 14,25 por ciento.
Los datos que se conocieron esta semana también fueron desalentadores en términos de desempleo, en alza hasta tocar el 9,5 por ciento, y en cuanto a los salarios que cayeron un 2,4 por ciento.
El ritmo del deterioro es acelerado: en 2014 la tasa de desocupación era prácticamente de la mitad de la que se registra ahora.
Las cuentas públicas sobre las que debe trabajar la debilitada presidenta Dilma Rousseff no se ven bien, pero las de las empresas tampoco: el stock de deuda del sector privado se triplicó entre 2002 y 2015 y alcanza los 290 mil millones de dólares.
Para tener una idea de la situación, el 18 de marzo pasado, el gigante siderúrgico Usiminas anunció que suspendería pagos de deudas a bancos, y la calificadora Standard & Poor''s declaró a la firma en default.
El diario The Wall Street Journal destacó, además, que la compañía telefónica Oi SA dijo esta semana que en el último trimestre de 2015 perdió nada menos que 1,24 mil millones de dólares, al tiempo que comunicó que el monto que paga en servicios de deuda se triplicó en 2015 en comparación con lo que enfrentaba en 2014.
No son solo las empresas las que se encuentran endeudadas: más de 54 millones de brasileños están retrasados con los pagos de tarjetas de crédito, por montos que sumaban a fines del año pasado 60 mil millones de dólares.
La revista The Economist destacó que la economía brasileña crecía a un ritmo promedio de 3,5 puntos del producto por año entre 2002 y 2008 -antes de la crisis financiera internacional- y que luego comenzó a hacerlo al 2,2, en medio de una dinámica que también afecta a China -pasó de 10,9 a 8-.
El espacio con el que cuenta el gobierno del Partido de los Trabajadores para sacudir la economía se achica cada vez más: los pagos de deuda se llevan más de 8 puntos del producto.
El duro ajuste que emprendió Rousseff en la primera parte de su mandato parece haber complicado la situación económica del país y también sus niveles de apoyo.
Hay que recordar que Joaquim Levy, un "duro" proveniente de los mercados financieros recortó gastos por 70 mil millones de reales en 2015 y debió salir por la puerta de atrás del Gobierno.
Con el proceso e juicio político a la mandataria brasileña en marcha, nadie se anima a predecir cómo ni cuándo terminará esta verdadera película de terror.

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