La personalidad autoritaria

Hugo Polcan

La personalidad autoritaria

Con la irrupción de un personaje como Donald Trump en el panorama político vuelve a adquirir vigencia el eterno problema del autoritarismo y el prejuicio.
A partir del surgimiento del nazismo, junto a otros temas afines, el autoritarismo fue objeto central de la reflexión de gran parte de los pensadores de su tiempo y generó una natural búsqueda por comprender su esencia y su génesis, y esa indagación resultó la propulsora de la psicología social, hasta entonces no configurada como disciplina.
Las investigaciones devinieron en el hallazgo de la existencia de una estructura mental y caracterológica básica entre los miles de entrevistados que los autores denominaron "personalidad autoritaria", siempre ligada al prejuicio social.
Según los resultados, la esencia de la conducta autoritaria está en la estructura de carácter enraizada en el núcleo de la personalidad y es determinante de su mentalidad y su conducta. Podemos encontrar personalidades autoritarias tanto entre revolucionarios o progresistas como entre conservadores. Es decir: el peligro del autoritarismo y del abuso del poder, con diferentes grados y matices, acecha permanentemente en cualquier sistema político.
Así, el carácter autoritario está al servicio de necesidades profundas de estas personas y cumplen una función imprescindible para el mantenimiento de su integración psíquica y de su identidad personal.
Esclarecido el diagnóstico, no es menos importante el pronóstico. Y el pronóstico acerca de las conductas autoritarias y su posibilidad de cambio siempre ha resultado preocupante. Los ejemplos históricos son una muestra de la obstinación de esas personalidades. Los personajes de esta índole terminan sin desprenderse de su espíritu prejuicioso. Se necesita mucho tiempo, experiencia y sufrimiento para que alguien pueda decir sin mentir que se ha convertido en "león herbívoro".
Una vez que el carácter se ha establecido, como el peculiar estilo de vida de una persona, esta configuración psicológica se hace difícilmente modificable, ya que constituye una "visión del mundo" y una "actitud de vida" que tiende a hacerse impermeable a los datos de la realidad.
En esa estructura mental, la actitud prejuiciosa ocupa un papel preponderante; de ahí su difícil modificabilidad, ya que, como dijera un especialista en el tema, "a veces, es más difícil desintegrar un prejuicio que un átomo".

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