En su oportunidad salimos en defensa de los gordos en el ámbito laboral (en realidad fue casi un acto de defensa propia). Ahora haremos lo propio con los "feos y desaliñados". Hay ciertos estereotipos que predominan en cada etapa histórica de la humanidad.
Actualmente existe una obsesión dirigida al excesivo cuidado de la apariencia estética y no escapa de esa tendencia la búsqueda de personal acorde a esas pautas de "buena presencia". Ello se advierte desde el aviso que pone ese requisito, hasta en las "recomendaciones" que pululan en los medios gráficos para presentarse a las entrevistas laborales.
Pero un fantasma se cierne sobre estas aparentemente inocuas etapas precontractuales: el de la discriminación. Es por ello que, por ejemplo, en algunos Estados de Brasil los empresarios han celebrado acuerdos para suprimir en los clasificados toda referencia a requisitos de apariencia física o a aquellos que no se refieran a la idoneidad (soltero/a, menor de 25 años, etc.). Esto es, lo que en definitiva establece el artículo 16 de nuestra Constitución Nacional cuando dice: "Todos los habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad...".
Hay requisitos que la empresa puede establecer para el ingreso de personal, pero de manera alguna puede hacerlo en el curso de una relación laboral ya iniciada. Por ejemplo: podría discutirse si un empleador puede establecer como requisito de ingreso que los empleados con atención al público no usen cabello largo, pero si lo ha admitido, luego no podrá establecer una norma que lo prohíba.
En nuestro país no existe desarrollo doctrinario ni precedentes judiciales sobre esta cuestión. Por supuesto que EEUU, con las conductas tan desinhibidas de muchos de sus habitantes, tiene abundante jurisprudencia. Algunos casos importantes en las cortes son por discriminación por tatuajes y piercings en el lugar de trabajo. Uno de ellos fue la de Cloutier vs. Costco Wholesale (una de las más grandes cadenas mayoristas del mundo). En este caso una empleada rechazó retirar su piercing debido a que alegó que era requerido por su religión (ignoramos qué religión pide aritos a sus fieles). Costco le pidió que se lo cubriera con una bandita o usara uno de plástico claro mientras trabajaba. Ella se negó y fue despedida. La Corte falló a favor de Costco, dictaminando que si bien los tatuajes y piercings son arte voluntario en el cuerpo, los empleadores tienen el derecho de excluirlos aunque se consideren establecidos por creencias religiosas. Según el tribunal, las compañías tienen derecho a requerir que sus empleados luzcan profesionales.
En España, dentro de esta temática, es muy conocida la polémica que se suscitó por el uso de la barba como atributo personal por parte de un trabajador en el sector de la hotelería. El Tribunal Supremo entendió que se encontraba vigente el uso o costumbre laboral de no llevar barba en el referido sector, y que, por tanto, la decisión empresarial de dar por finalizada unilateralmente la relación laboral se encontraba suficientemente justificada.

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