Entre el prestigio propio y la ausencia de estadísticas oficiales, cada publicación del Observatorio de la Deuda Social Argentina, que funciona dentro de la Universidad Católica Argentina (UCA), referida a la evolución de la pobreza y la indigencia, es noticia.
No sorprende, por consiguiente, que cuando a comienzos de abril pasado la UCA afirmó que entre 2015 y marzo de 2016, el número de personas que vive debajo de la línea de la pobreza pasó "de 29% a 34,5%" de la población total, y el de personas que viven debajo de la línea de la indigencia "de 5,3% a 6,9%", la noticia ocupara la tapa de muchos diarios, y acalorados "pases de facturas" entre los dirigentes políticos.
Aprendí precisamente en la UCA, durante la primera mitad de la década de 1960, y simultáneamente como ayudante de investigación del meticuloso José María Dagnino Pastore, que, como profesional, antes dejarse llevar por sus broncas y entusiasmos, tiene que analizar los documentos originales. Al hacerlo en este caso me llevé grandes sorpresas, que sintetizo.
Lectura, análisis y sorpresas
"Pobreza y desigualdad por ingresos en la Argentina urbana, 2010 -2015. Tiempo de balance" es un documento de 27 páginas. ¿Cómo lee un profesional un documento de esta naturaleza? Primero le presta atención a los cuadros y luego al texto.
Primera sorpresa. Los cuadros presentan columnas referidas a años (2011 a 2015) y meses (marzo y abril de 2016). En la ficha técnica se aclara que las columnas donde dice años, en rigor están referidas a los cuartos trimestres de cada año.
En cualquier caso cabe preguntar: ¿cómo llegar a alguna conclusión, antes de analizar si existe estacionalidad en las variables? Del hecho de que un heladero afirmara que en enero de 2016 vendió más kilos de helados que en el promedio de 2015, nadie concluiría que la economía arrancó el año en curso en proceso de reactivación. Ergo, deberían haber publicado los datos referidos a marzo y abril de 2015. La segunda sorpresa es más importante. Alguien podría pensar que aplicando la metodología que venía utilizando hasta entonces, es decir, la basada en encuestas, y utilizando computadoras de alta velocidad, el 1 de abril pasado la UCA estuvo en condiciones de brindar información numérica referida a la pobreza y la indigencia, correspondientes a marzo de 2016. Pero los cuadros también incluyen una columna con estimaciones referidas a ­abril de 2016! Entonces fue necesario pasar de los cuadros al texto. Como dije, el informe se titula "Pobreza e indigencia, 2010-2015. Tiempo de balance", por lo cual debería haber finalizado con la estimación, como siempre basada en encuestas, correspondiente a 2015. En cuyo caso el trabajo hubiera documentado que el gobierno presidido por Cristina Kirchner se despidió con la mayor tasa de pobreza, desde 2010.
Ejercicio de simulación
¿De dónde surgen las estimaciones referidas a marzo y abril de 2016? No de encuestas sino, como dice el informe, de un ejercicio de simulación.

Esencialmente, se toman los ingresos del período anterior, se los infla por algún estimador del aumento de las remuneraciones, y se los deflacta por algún estimador de aumento de los precios. No hay que ser un genio de la aritmética para advertir que cada vez que los ingresos crecen más lentamente que los precios, algunas personas ubicadas por encima de la línea de la pobreza pasan a ubicarse por debajo de ella.
Lo cual explica que la tasa de pobreza haya pasado de 29% en el último trimestre de 2015 a 34,5% en marzo de 2016 o, en términos absolutos, que durante el primer trimestre del año en curso se hayan "creado" 1,4 millones de pobres. Antes de continuar aclaro que, siempre según el referido ejercicio de simulación, en abril de 2016 la tasa de pobreza caería a 32,6%. De manera que la tercera parte de los pobres "creados" durante el primer trimestre del año en curso, cruzarían para arriba la línea de la pobreza.
¿Qué hay de malo en mezclar una metodología sistemática basada en encuestas con un ejercicio de simulación? Nada, excepto que se lo aclare debidamente.
Obvio que quien se tome el trabajo de leer todo el informe podrá sorprenderse por el cambio de metodología, pero no porque no le avisaran. Pero supongo que en esta tan sensibilizada Argentina, la referida aclaración debería haber aparecido, en la primera página, y en mayúsculas.
O, mejor aún, el Observatorio debería haber actualizado a 2015 sus estimaciones, y por separado publicar el ejercicio de simulación.

Una cuestión crítica

El episodio constituye un buen pretexto para ocuparnos, aunque sea brevemente, de la cuestión de la pobreza e indigencia.
Pobreza cero es un eslogan, no un objetivo concreto. No existe ningún país, por más alto que sea su ingreso por habitante, por más igualitaria que sea su distribución, en la que no existan pobres.
Pero enredarnos en esta discusión atenta contra lo que tiene que ser la verdadera tarea: la lucha contra la pobreza.
¿Qué tenemos que decir los economistas al respecto? Un par de cosas. Primera: es difícil luchar contra la pobreza si la situación económica general no mejora. No se trata de aplicar una versión utópica de la teoría del derrame, pero tampoco hay que irse al otro lado y pretender que se pueden solucionar los problemas de los pobres, en una economía estancada, cuando no paralizada.
Segunda: dependiendo de los instrumentos que se utilicen, con la misma cantidad de recursos se pueden solucionar más o menos problemas concretos que enfrentan los pobres. Ejemplo: el gobernador Gerardo Morales acudió en el auxilio de la misma cantidad de necesitados de Jujuy, gastando a fines de 2015 la cuarta parte de los pesos que gastó Milagro Sala a fines de 2014. Otro ejemplo: 94% de los pesos que recibe Cáritas llegan a algún pobre: ¿cuántos centavos de cada peso de impuestos llega a algún pobre?
Viejos principios como el de los incentivos y los desincentivos, y las facilidades de computación, deberían servir para ayudar a quienes realmente lo necesitan. Sin olvidar que quienes tienen menos recursos no son necesariamente pasivos o menos inteligentes, pero adecuarán su comportamiento en función de las reglas de juego. Igual que sus compatriotas, quienes generan más ingresos.

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