El ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, no hace mucho usó la expresión "brotes verdes" para anunciar que la recesión empezó a reducirse. Los "brotes verdes" (en inglés, green shoots), es una metáfora utilizada en el Reino Unido por la ministra de Hacienda, Noman Lamont; luego la expresión llegó a EEUU. Ella tomó los "green shoots" para describir el fin de la recesión 90-91.
Prat Gay en esa línea de la economía coloquial y de marketing de las variables, quiso ser el economista de los "brotes verdes". Si el artificio de las palabras reemplaza a las cifras irrefutables sobre la realidad social, entonces aparece la "posverdad". El diccionario Oxford la incluyó como aquellas situaciones "en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales". Steve Tesich, el creador estadounidense de la palabra posverdad en 1992, escribió:"Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad" y lamentó que la sociedad no busque la verdad de los hechos por serle insignificante.
Prat Gay sabe cuáles expresiones correctamente políticas usa el primer mundo. Tomó los "green shoots" de Lamont y, como el clima político con Macri conserva aún un número de aceptación estadística, seleccionó la metáfora "brotes verdes" a modo de posverdad. La audacia discursiva de Prat Gay está contra los propios números económicos y de desarrollo humano que produjo el Indec. El ministro sabe que a los ciudadanos, todos mortales, sexuales y parlantes y algunos además andan a pié y son "emocionales" y con "creencias personales", hace rato que ya no les interesa la objetividad. La posverdad es "dime que no es verdad que sigue la recesión", por ejemplo.
El discurso posverdad crea lazos políticos con las audiencias y las masas electorales, enganchadas al deseo de prosperidad y bienestar subjetivo. La posverdad regula la legitimidad en el ejercicio del poder.
Los nobles ideales copados por el imperativo posmoderno del "­goce ya!" y "no sienta que no puede", hizo que la verdad hasta tenga estructura de ficción.
El sujeto rodeado de simulacros, se refugia en la posverdad, una ficción más de ese goce del "sí puedo".
A la luz de la posverdad no existen conclusiones realistas en política, ni exactitudes del Indec, ni iluminaciones de los economistas con experiencias históricas porque la ciudadanía en general, no las cree. La esencia de la posverdad es esto: palabras no verdaderas sobre la realidad pero sí ciertas para los oyentes que esperan que la narración pesimista en torno de Argentina sea mentira.
En el inmortal cuento de Lewis Carroll, "Alicia en el país de maravillas", su autor hace hablar a los personajes: "Cuando uso una palabra -dijo Humpty Dumpty-, con algo de desprecio significa lo que da la gana que signifique". Ni más ni menos. El problema dijo Alicia es el de si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. "El problema dijo Humpty Dumpty es el de saber quién manda. Eso es todo". ¿La posverdad es la acción del discurso del que manda a la estrategia de la ilusión?... Según Dumpty, al sentido de las palabras lo produce el poder del amo porque las formatea hasta convertirla en posverdad, esa ilusión argentina de muchos gobernados.

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