El presidente de Prograno, Ezequiel Vedoya, volvió a poner el grito en el cielo por la estructura de costos productivos de Salta pero, esta vez, puso énfasis en la prohibición de los desmontes -es decir, inversión agropecuaria-, y cuestionó a los legisladores nacionales salteños, que "en los últimos años se dedicaron a levantar la mano a cuanto proyecto absurdo se trataba".
Salta es la sexta provincia en territorio, la octava por el número de población -el 3% de los argentinos- y aporta apenas el 2% del producto bruto. Es, además, la provincia con mayor potencial de desarrollo del país, gracias a la minería, el agro, el turismo; solo necesita políticas de Estado, a largo plazo, que garanticen la inversión, el desarrollo industrial, el contacto con los mercados de consumo y un ajuste en los costos. Y, por supuesto, resolver graves problemas comerciales.
Por ahora no hay rumbo claro y la agroindustria sigue sin GPS.
El escenario es frágil, entre otras razones porque se repiten los mismos discursos, las entidades productivas no definen metas y estrategias y la sensación generalizada es que "nada cambia".
El Plan Belgrano -por ahora un espejismo- no está pensado como "un cuerno de la abundancia", sino como un proyecto de inversión que requiere iniciativa.
Un principio de la filosofía medieval sostenía que "nada pasa de la potencia al acto si no es por un ser en acto". Los monjes del siglo XII expresaban así que el mundo no existiría si Dios no lo hubiera creado. Con la producción salteña ocurre algo parecido. Todo el potencial de Salta no se va a materializar (pasar de la potencia al acto) si la dirigencia empresaria, política y gremial no toma conciencia de que Dios "ayuda al que madruga"; es decir, que tienen que unir cabezas y voluntades tras el objetivo del desarrollo. No es fácil.
Vedoya aseguró ayer que "se está pagando 10 o 15 veces más para llevar una tonelada de soja al puerto de Rosario que lo que cuesta ponerlo en el puerto de Amsterdam, y en esas condiciones no puede haber competitividad".
La experiencia ferroviaria de Salta es deprimente. Una estructura vial que llegó a ser signo y emblema del progreso hoy está reducida a 25 kilómetros del Tren a las Nubes -al que se llega en ómnibus- y al casi anecdótico vagón que une la capital con Gemes, instalado en Salta gracias a las importaciones de trenes españoles en desuso por las que está detenido Ricardo Jaime. Salta -Gemes en particular- se encuentra en un nudo ferroviario estratégico y abandonado, donde los rieles se oxidan, se cubren de arena y algún intendente se los roba.

Cepo al campo

El ordenamiento territorial es un lastre que ahoga al campo. "El Gobierno tiene una deuda muy grande con este tema; las comunidades de aborígenes y criollos que están viviendo en el interior de la provincia necesitan que se termine de definir la tenencia de tierras, concluir con estos conflictos y, a partir de ahí, ver lo que hay que cuidar ambientalmente y lo que ambientalmente es posible poner a producir sin descuidar el medio ambiente".
El dirigente agregó que "las zonas de bosque más valiosas se siguen degradando por deforestación ilegal. Los bosques que hay que cuidar nadie los cuida. Sin embargo, hacia el este de la provincia, donde los montes son bajos y se puede poner a producir, los criollos quieren progresar y lograr que haya escuelas, generar puestos de trabajo, no se tocan".
"Hay mucho desconocimiento de lo complicado de la situación del campo en la provincia", dijo Vedoya en Radio Profesional.
El transporte equivale al 32% del costo de la soja y al 53% de la de maíz; el tren abarataría entre 15% y 20% los valores. Pero a este costo deben agregarse los otros, en especial, los financieros.
Pero el problema es el proyecto productivo salteño,
La mayor agroindustria de Salta, el Ingenio San Martín del Tabacal, advirtió que peligra la zafra 2016 a raíz del paro que ya lleva 72 días.
Al mismo tiempo, toda la cadena productiva del azúcar rechazó la inclusión del azúcar en la oferta comercial del Mercosur presentada a la Unión Europea y que obligaría a eliminar la "protección arancelaria" en el país ante el ingreso de azúcar del Brasil, lo que llevaría a la "desaparición" de la actividad local. El acuerdo había sido celebrado por Cristina Fernández y Dilma Rouseff.
La única verdad es la realidad. Salta tiene cinco millones de hectáreas disponibles para ganadería, agricultura y agroindustria, pero sigue importando carne, lácteos y hasta huevos.
Frente a eso, de nada vale buscar culpas afuera. Más conviene repensar lo que se puede hacer en casa.

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