Céltico Rodríguez es médico veterinario y columnista de El Tribuno sobre temas de producción y desarrollo agroganadero. El salteño realizó un análisis de la situación de la provincia y cuestionó cómo se aplicó el ordenamiento territorial, en el marco de la ley de bosques nativos.
"Es la causa principal de todos los males, pero no nació por generación espontánea, y sobrevive porque la ecolatría rentada lo alimenta con falacias", señaló.
Ahora, el Gobierno debe revisar esa reglamentación tal como lo exige la normativa vigente.
¿Hasta qué punto está comprometido el futuro de la producción en Salta?
Es una situación muy seria. La actualidad solo ofrece riesgos y el futuro es una incógnita que solo Salta debe resolver. Cuando digo Salta, involucro a todos los que nos cabe alguna cuota de responsabilidad. Hace ocho años que el desarrollo de años anteriores se detuvo. Hoy todos lo reconocen, pero los indicadores de los últimos años ya denunciaban este presente.
¿Cómo analiza la aplicación que se hizo del ordenamiento territorial de bosque nativos y qué cuota de responsabilidad le adjudica?
Es la causa principal de todos los males, pero no nació por generación espontánea, y sobrevive porque la ecolatría rentada lo alimenta con falacias. Quienes abiertamente operaron desde lo técnico para esto, hoy argumentan que el nuevo Gobierno nacional trae otros aires productivos, oxigena posibilidades y abre nuevas puertas. Nada de esto es absolutamente cierto. Por otro lado, declaramos que los dólares de (José) López, exsecretario de Obras Públicas del kirchnerismo, son los que impidieron el avance y las inversiones en Salta, y de estos operadores locales que provocaron lo mismo no decimos nada.
¿Por qué lo afirma tan categóricamente?
Dos gobiernos tan diferentes, como el anterior y el actual tienen un punto de coincidencia. Ambos aseguran que el futuro argentino está atado a la producción de alimentos; casi el 95 por ciento de ellos son el resultado de alguna producción agropecuaria o sea del uso de la tierra.
Desde el gobierno anterior se fijaron los lineamientos básicos para el desarrollo federal, de ahí surge el Plan Estratégico Agroalimentario Argentino, que entre otras cosas propone la incorporación de nuevas superficies a la producción, unas 6,5 millones de hectáreas. Le dimos la espalda y pintamos el mapa de amarillo. La realidad es este presente del que se quejan productores y reconocen ahora nuestros funcionarios, pero la propuesta superadora no aparece.
Macri quiere hacer el supermercado de alimentos del mundo y sus funcionarios afirman que el desarrollo vendrá con la modificación del actual ordenamiento territorial, incorporando las tierras aptas al cultivo. Y una propuesta ganadera sin "plan" que la contenga, ya está demostrada con la ineficacia de los anteriores.
Nuevamente le damos la espalda, seguimos con el mapa amarillo y nos reunimos con el NOA para hacer un denominado plan ganadero, justo lo contrario de lo propuesto. Encima cometemos un error estratégico superlativo. De esas provincias y desde el punto de vista ganadero, Santiago del Estero es la más importante y, por su ubicación geográfica, desarrolla su actividad integrada a la región central del país. El resto posee sus cualidades agroecológicas correspondientes. Al oeste no tienen grandes superficies sin desarrollo, lo que les impone un techo. Salta tiene que desarrollar la zona este, con provincias de la región chaqueña y el Litoral, donde además verá potenciada su actividad y en esas condiciones, yo diría, no tiene techo. Criticamos la lentitud del Plan Belgrano emblemático de este gobierno, que une todo el norte argentino, y elegimos refugiarnos en el NOA para andar un camino inverso al propuesto, pero nada proponemos ni a favor ni en contra de aquel.
¿Qué rol deben tener los productores?
Es muy complicado desarrollar una actividad en una provincia que no tiene claramente definidos sus objetivos y metas productivas. Los convocan a participar, acuden dejando de lado tiempo y obligaciones, pactan, anuncian y luego ignoran el trabajo. El Plan Estratégico 2030 es un claro ejemplo, ya que llevó mucho tiempo. Se declaró de interés provincial, decreto mediante, y luego los propios funcionarios provinciales y quienes tienen que custodiar su cumplimiento miran para otro lado.
Eso cansa, desgasta y al final buscan de dónde se pueden agarrar para procurar seguir a flote. En el plan 2030, en materia ganadera en la que colaboré, se dice que debemos incorporar toda la superficie posible a la producción, rediscutir las disposiciones sanitarias nacionales que nos perjudican y reformular los planes del 2004 y 2009, ambos fracasados. Para la primera, el mapa sigue del mismo color. En Sanidad, por ejemplo, hace pocos días, algunos se enteraron que somos una provincia considerada aftósica y con más del 80 por ciento del rodeo en riesgo, cosa que en el 2030 se planteaba. El Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) somete a la producción y nuestros funcionarios no ponen límites a esa desconsideración, esto no es nuevo. En cuanto a los planes 2004 y 2009, ninguno alcanzó las proyecciones de stock, faena o inversión. Del último se realizaron algunas inversiones, créditos, por cierto, que todos debemos pagar, sin resultado positivo en lo productivo.
¿Se puede relanzar en 2030 el plan o hacerlo funcionar?
Sería un buen punto de partida antes que el Plan NOA, pero lo considero poco probable. Creo que a esta altura fue una buena intención que se dejó caer, en lo agroproductivo al menos.
¿Por qué poco probable?
El Gobierno debería hacer una profunda autocrítica y no adivino esa intención, pese a reconocer que la producción está frenada. Veo que alienta intenciones que no posibilitarán un desarrollo y se ata a propuestas como la de GIBN, autoabastecimiento de carne y proyectos de ley que hablan de fomento ganadero, aunque solo procura un ajuste fiscal con la ganadería ausente. Anunciamos un gran Seminario Ganadero Regional en Rosario de la Frontera en el escenario nacional de ExpoAgro y después no lo hacemos, ni explicamos nada. La situación es rara, indefinida, contradictoria, de mucha inconsistencia. Creo que Nación nos mira de reojo. Se necesita certeza y seriedad en el planteo. Deberíamos ser "otra" provincia, tenemos todo para serlo.
¿Qué propone al respecto?
Mi postura es conocida a través de las notas que publico. En el ciclo de charlas impulsadas desde "Salta en un mundo en cambio", hace más de dos años, opiné al respecto, insinué un camino a seguir, es lo que hoy todos reclaman, nos desayunamos tarde.
Desde el Gobierno, ¿qué se debe hacer?
No puedo ser irreverente, hay un gobierno electo, incluso por los productores, es facultad exclusiva y excluyente del gobernador elegir quién lo acompaña, pero no le saco "el traste a la jeringa".
Participé en la formulación de políticas productivas en la plataforma electoral 2015 del senador Romero. Llevamos al sector la propuesta de la creación de dos nuevos ministerios de Recursos Naturales, uno en los No Renovables y otro en los Renovables, ambos pueden generar riqueza. Entre los recursos renovables además de ganadería, agricultura, forestación, agroindustria, incorporamos la cuestión agroalimentaria como central y procesadora en origen de la actividad. Fundados en el dato de la realidad, que el sector productivo nacional proponía, pese a los desencuentros con el Gobierno nacional de ese entonces, aumentar en la próxima década al doble la producción de alimentos. Es decir, nos incorporábamos a Argentina y su comercio exterior, abriendo un puerto de Salta en Rosario para el Atlántico y solidificando los del Pacífico. La criteriosa incorporación de nuevas superficies era otro hecho, devolviendo así a los productores el escenario natural donde expresar su vocación. Hoy con el vuelco manifestado en las entusiastas intenciones productivas del resto del país, seguro hubiesen llegado nuevas inversiones a Salta o retornado las que se fueron, basado en seguridad jurídica, irrenunciable espíritu de superación, dentro de un marco innovado, donde lo ambiental sería un aliado de lo productivo. Hoy ratifico esto como el camino adecuado, aunque no el único. Hay que ver qué propone nuestro gobierno, si parte desde la autocrítica, reconociendo el error de haberse equivocado al cambiar el rumbo fijado en sus comienzos, podría hacer realidad la esperanza.

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