La asamblea de la Confederación Parlamentaria de las Américas, realizada esta semana en Salta, coincidió con varias noticias que a los visitantes han de haber llamado la atención: la sequía abrasadora en Rivadavia y el costo de los fletes que compromete a la producción agrícola, a lo que a esto se sumó la preocupación de la secretaria de Ambiente, Irene Soler, por la deuda acumulada de más de 18 mil millones de pesos desde 2008, en concepto de compensación de la administración nacional a las provincias boscosas -de la que Salta es la más significativa- para frenar los desmontes (además, la única que pintó de amarillo todo su territorio).
Ante la asamblea, el ministro de Ambiente, Javier Montero, y la secretaria Soler optaron por hablar de energías renovables. En cambio, el anfitrión, Manuel Santiago Godoy, celebró la intervención del veterinario de Costa Rica, Eduard Mller Castro. Se trata del fundador y rector de la Universidad para la Cooperación Internacional y con amplia trayectoria como ambientalista, que en Salta habló en sintonía con los activistas anticampo. Lo sorprendente es que los legisladores hayan aplaudido sin objeciones las críticas del visitante a las políticas provinciales.
Mller Castro proviene de un país cuya geografía se asemeja a nuestra yunga, tiene una superficie equivalente al territorio pintado de amarillo en Salta (cinco millones de hectáreas) y una población tres veces superior a la de la provincia. Tiene ganadería en baja escala, depende por completo de la importación de alimentos y su fortaleza es el turismo. Costa Rica es hermosa, pero no se parece nada al Chaco salteño.
"Nunca se puede decir que el desmonte es para generar desarrollo, en ese aspecto Salta tiene un política errada", sentenció Mller. ¿Puede compararse la calidad de vida en las zonas desmontadas con la del Chaco semiárido? ¿Puede sostenerse que un desmonte sustentable no contribuye al desarrollo?
El pensamiento científico requiere verificación de los datos; al discurso político le basta con causar efectos.
El Plan Belgrano, cuyas demoras enojan hoy al Gobierno salteño, es un programa que supone desarrollo.
Argentina no es Costa Rica, sino un país cuya fortaleza es el potencial agropecuario, y que aspira a recuperar su espacio en el mercado mundial de alimentos. Para este objetivo Salta es un enclave crítico. Si no hay una manifiesta voluntad de desarrollo por parte de la provincia, nadie va a tener mucho apuro en invertir en su territorio.
En la línea que propone Mller, habría que resignarse a la artesanía y al desempleo. Pero hay otras señales. Los funcionarios del Ministerio de Trabajo que visitaron la UNSa el miércoles fueron cautamente optimistas: el diálogo con el Gobierno salteño es alentador, ven perspectivas para un proyecto laboral y la revisión del ordenamiento territorial está en carpeta.

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