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La quiebra energética
El gobierno de Mauricio Macri cree que el tarifazo en el precio de la luz, el agua y el gas fue la decisión más dura de todas las que adoptó en lo que va de su gestión; las razones del exacerbado aumento, aduce, se pueden encontrar en el atraso en el precio de estos servicios respecto del verdadero costo de cada uno de ellos. Además, ya aclararon que harán falta nuevos aumentos para sincerar las tarifas y así poder disminuir los subsidios.
Estimado lector: no deja de ser una medida impopular, pero también lo invito a que reconozcamos que la manipulación de los precios que se pagaban entre los años 2004 a 2015, con subsidios al consumo de luz y gas, fue arbitraria, insostenible y orientó los dineros del Estado en beneficios de los grandes consumidores, que coinciden con los sectores de mayores ingresos.
La energía es esencial como el aire para la vida moderna, el Estado tiene la obligación de garantizarla, pero es imprescindible definir minuciosamente quién y cómo pagará los costos. Las fiestas son lindas, hasta que terminan, después vienen los problemas y, siempre, alguien saca tajada.
Enfrentamos un problema crucial para la economía argentina. Al analizar geográficamente el consumo de estos servicios durante el período referido debemos recordar que los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y del Gran Buenos Aires, principales distritos electorales del país, disfrutaron y consumieron a precios subsidiados el gas, agua y electricidad, pagando por ellos sumas irrisorias respecto al resto del país y del verdadero costo de la energía.
El único subsidio que se logró reducir respecto del año anterior fue el que beneficia al sector energético, ya que las transferencias desde enero a junio de este año aumentaron en otros, como los entregados al transporte, un 37%, a empresas públicas, un 94% al sector agroalimentario, 63%, sector rural y forestal, 39% y al sector industrial, un 37% (Fuente ASAP).
Es necesario que se sinceren todas las tarifas, a sabiendas de que será una tarea difícil. Hay que tener presente que un servicio puede resultar barato para un sector porque el gobierno lo subsidia, pero el costo se financia con los impuestos cobrados, con emisión monetaria inflacionaria o con empréstitos que pagaremos entre todos
Omisiones en el tarifazo
Según las encuestas, un porcentaje superior al 70% de la población acepta que las tarifas de la luz y el gas estaban atrasadas, pero la mayoría también entiende que este aumento tendría que haber sido ejecutado de una forma más gradual.
El gobierno del ingeniero Macri, antes de implementar el precio de estos servicios públicos tendría que haber informado a la población en su momento ya sea a través de audiencias públicas o en los medios de comunicación, la verdadera situación de cada uno que fueron incrementados.
La manipulación de las tarifas de gas en la gestión kirchnerista además de destruir la posibilidad de sostener la generación en territorio nacional, provocó un excesivo consumo, una dilapidación que es lo que siempre ocurre cuando algo "viene de arriba". Esto ocurrió en los casos de usuarios de la red domiciliaria. En cambio, las familias que no gozaron de este privilegio, ya sea por vivir en barrios periféricos o en las provincias del norte, no gozaron de subsidios y tuvieron que pagar garrafa o cilindros a precios muy parecidos a los que hoy generan tantas protestas. Esto, sin olvidar que no menos del 10 % de los hogares salteños utilizan leña para calefaccionarse.
"Es difícil suponer que Mauricio Macri no conocía la verdadera situación energética del país, especialmente del gas".
El Gobierno nacional tampoco avisó cuánto podría haber sido el aumento en las tarifas para planificar su consumo y así evitar las desagradables sorpresas al recibir las boletas con el nuevo costo. Quizá con decir que en la anterior gestión se gastaron US$ 139 mil millones en subsidios al transporte y a la energía, importe que equivale a más del 20% del PBI de 2015, y que por cierto terminaron llevando a la quiebra al sistema energético solo para financiar el derroche provocado entre los años 2006 a 2015.
Ampliando sobre los subsidios energéticos, es interesante conocer un informe realizado este año en conjunto entre la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP) y el Instituto Argentino de Energía "General Mosconi (IAE), determinando que entre los años 2005 y 2014 los subsidios energéticos habían incrementado su participación en el gasto primario nacional de 1,5% a 12,3%. El Poder Ejecutivo ha fijado para un tope del 400% a la factura final de los servicios, pero no al aumento del consumo; esto significa que las condiciones están dadas para que los usuarios incrementen sus consumos porque el mismo será gratis ya que las facturas no podrán exceder el porcentaje de aumento estipulado, es decir con este criterio, el consumo no tiene nada que ver con la factura ya que estas tendrán un incremento porcentual. El tema de las tarifas es un capitulo que aún no ha terminado ya que como consecuencia de los amparos presentados, el Gobierno debe entregar a la Corte Suprema de Justicia los informes que expliquen cuáles fueron las correcciones impuestas en el régimen tarifario desde el mes de enero de este año y después de la feria judicial este tribunal se expedirá.
La única verdad es la realidad
Es difícil suponer que Mauricio Macri no conocía en su totalidad la verdadera situación energética del país, especialmente del gas.
Para tener una idea del descalabro que se produjo en la producción, vemos que hoy la Argentina consume 150 millones de metros cúbicos de gas por día y solo produce 100 millones; esta diferencia la importamos porque no se ha invertido en exploración ni en explotación, cuando antes de la gestión K nuestro país se autoabastecía y hasta exportábamos. También importamos durante el primer semestre de este año, aparte del gas natural licuado y en estado gaseoso, gas oíl, energía eléctrica, aprovisionamiento para buques y aeronaves, hulla bituminosa s/aglomerar y aceites crudos de petróleo entre los productos más importantes. Esta crisis energética no tiene nada que ver con lo que ocurría, sin ir más lejos, en el 2005, año en que las ventas de energía al mundo fueron de US$ 5.700 millones con un superávit de US$ 4.800 millones.
Y recuerdo con tristeza que en la década del 90 en nuestro norte se construyeron dos gasoductos para poder exportar por los puertos chilenos: Gasandes y Norandino; hoy los utilizamos para importarlo a precio de oro- desde Noruega, a través de la planta regasificadora del Puerto de Mejillones en Chile, y llega a nuestro país para abastecer a las industrias y el consumo doméstico.
Según lo informaron los exsecretarios de Energía en junio de 2015, en un mensaje dirigido a todos los precandidatos presidenciales, la Argentina no solo redujo la producción de gas y petróleo, perdió terreno frente a Bolivia y Brasil, y generó unos de los déficits más graves de su historia, sino que además, durante los doce años de kirchnerismo no incrementó la generación eléctrica con energía hidroeléctrica, nuclear o alternativa, sino que multiplicó en niveles insostenibles la dependencia eléctrica de los hidrocarburos. Los únicos que ganaron en ese ruinoso negocio fueron los intermediarios en la compra de gas licuado al exterior. No le será fácil a este gobierno lograr el autoabastecimiento energético en el corto plazo, se necesitarán muchas inversiones y estabilidad jurídica, un modelo de generación y distribución adecuado a los tiempos, otro sistema de transporte y, además, sincerar las tarifas que permitirán reactivar la producción y lograr que el impacto en el bolsillo de los consumidores no sea traumático en sus presupuestos no es un trabajo fácil. Nada es gratis, insistamos; alguien paga.

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