Tenemos amigos de la infancia, los compañeros del trabajo o del estudio, amigos para siempre e incluso a los que agregamos en Facebook y, hasta ahora, creíamos que los habíamos escogido conscientemente al compartir aficiones comunes o por similitudes en el carácter. Sin embargo, un grupo de científicos de la Universidad de California en San Diego (EEUU) asegura que existe un factor determinante en la amistad que nunca había sido tenido en cuenta: la genética. Así los genes ya no solo nos vinculan a nuestra familia. Resulta que cada individuo tiende a forjar amistades con personas que comparten algunos de sus mismos marcadores genéticos. La investigación fue publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Los investigadores, dirigidos por James Fowler, exploraron la interconexión de genes y relaciones humanas utilizando información de dos estudios independientes de salud estadounidenses. Los autores analizaron marcadores genéticos específicos dentro de la red social de un individuo y descubrieron que cada persona tendía a entablar amistad con otras con las que compartía dos de los seis marcadores evaluados. Los resultados persistieron incluso después de tener en cuenta la tendencia habitual de buscar amigos en la misma área geográfica.
Además los investigadores descubrieron que los individuos que portaban el marcador DRD2, que ha sido asociado con el alcoholismo y otros rasgos de adicción, tendían a ser amigos de otros positivos en DRD2, mientras que quienes carecían del gen lo eran de los individuos negativos para este marcador. Por otro lado, las personas que portaban un gen que se ha asociado con una personalidad abierta tendían a hacer amigos entre otros que carecían del mismo, lo que parece indicar que en ocasiones también buscamos complementarnos. Según los autores, los resultados sugieren que los genes dan forma al ambiente social, lo que podría, a su vez, afectar la conducta humana y que la tendencia es tan fuerte que hasta podría rastrearse de la agrupación genética en las redes sociales.
Si de estudios curiosos se trata otro a considerar es el realizado por un grupo de la Universidad de Virginia que monitoreó a 22 personas con escáneres cerebrales. Los participantes pensaban que sus amigos o ellos podrían recibir una pequeña descarga eléctrica. Así descubrieron que la actividad cerebral de una persona es prácticamente idéntica cuando él o sus amigos están en peligro.
James Coan, director del experimento, aseguró que nuestro cerebro considera a las personas cercanas parte de sí. "Nos sentimos amenazados cuando nuestros amigos están amenazados porque los seres humanos nos asociamos para prosperar. Nuestros objetivos y recursos son comunes. Si algo amenaza a un amigo, amenaza nuestros recursos y objetivos", concluyó. Por otro lado, un trabajo de la Universidad Brigham Young de Utah halló resultados sorprendentes acerca de la relación entre amistad y longevidad. Según ellos, si la red de amistades de una persona es grande, es propensa a sufrir menos estrés, sus defensas son más fuertes y vive más tiempo. Un amigo ahuyenta la depresión, ayuda a superar enfermedades y su cercanía produce satisfacción, placer y felicidad. "Lo contrario es un factor de mortalidad más potente que sufrir obesidad o llevar una vida sedentaria y sin ejercicio físico", detalló la profesora de Psicología Julianne Holt-
Lunstad, quien encabezó el sondeo. "Los estudios muestran un aumento del 50% de probabilidades de vivir más si se posee una sólida red de relaciones sociales", dijo. Añadió que las personas solitarias tienen la presión arterial más alta y son más propensas a sufrir problemas cardíacos.

Cambios cerebrales

Un trabajo de la Escuela Médica de Harvard sugiere que el tamaño de la red de amigos de un sujeto es mayor cuanto más grande sea la amígdala cerebral, una estructura con forma de almendra que, entre otras funciones, distingue a los conocidos de los extraños. Además, también aumenta el tamaño de la corteza prefrontal, área involucrada en el pensamiento y la toma de decisiones, dependiendo del número de amigos que conservemos porque se requieren habilidades cognitivas como entender el comportamiento y ser empáticos con otros.

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