El mundo sufre una transformación que estamos obligados a interpretar; a su vez, Argentina -pese al recambio- mantiene y aumenta sus metas productivas. Guste o no guste, es la realidad.
Salta es ahora la que debe aceptar el desafío y jugar su futuro. Si miramos nuevamente para otro lado, solo conseguiremos demostrar que la "opería es local". Hay nuevas autoridades, en lo nacional y local. La dinámica productiva nos brinda otra oportunidad y existen razones para el optimismo.
A nivel nacional, cambió la denominación del ministerio del cual Ricardo Buryaile, formoseño, es su titular. El Ministerio de Agroindustria -un mojón que marca una ruta-; su viceministro es el ingeniero Ricardo Negri, un técnico al que vimos trabajar con entusiasmo, capacidad y autoridad en el sector de alimentos.
La alimentación, tengámoslo claro para interpretar esta nueva etapa, es la carencia más importante del planeta. Debemos corregir las políticas públicas de asistencia alimentaria, con nuevos paradigmas y rigor académico, que comiencen a asegurar la nutrición. Salta no es ajena a esto.
Los mojones que marcan el camino hacia una meta planificada tienen por objetivo advertir las desviaciones que son propias de la dinámica productiva. Es condición ineludible tener una meta basada en datos ciertos, concretos, tangibles y auditables. Si no medimos y no controlamos es imposible gestionar y mejorar. La declamación, sin fundamentos ni conocimiento nunca propone una meta confiable y tarde o temprano cae por su propio peso. Es imprescindible la autocrítica.
El mojón de mayor relevancia es la permanencia de Lino Barañao en el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Su alineamiento al Plan Estratégico Alimentario Argentino ( 2008 ) seguirá siendo su derrotero. Las entidades agropecuarias más importantes publicaron sus metas hacia en 2025 en coincidencia con ese plan, al que Salta nunca sintió propio.
La agenda política, la financiera, la fiscal y otras nunca coinciden con la agenda agropecuaria, inalterable por estar atada a tiempos biológicos es inalterable. La producción primaria en Salta, pasa por un momento difícil, el sector agrícola golpeado, la ganadería estancada. La industria agroalimentaria sufre el impacto.
La sinergia productiva diversificada que nuestros productores mostraban al país hasta el 2008 es hoy una anécdota, pero el potencial del sector en Salta está intacto a la espera de que alguien lo dinamice. Debemos volver a aquel escenario.
A nivel local, los nuevos funcionarios harán su lectura y decidirán -imagino- las correcciones; razones sobran. La falta de cumplimiento a lo decretado de interés provincial por nuestro gobernador en el Plan Estratégico 2030 -en lo agropecuario- sería un buen comienzo. Lo nunca concretado en el Plan Estratégico Agropecuario Provincial 2009 es otra documentación a revisar.
Las nuevas leyes del mal llamado fomento ganadero y las modificaciones a la ley de carnes deben ser otro tema que atender. Se debe planificar en Salta y dejar de dar saltos al vacío con programas foráneos. Demostrar que el decreto de Estado Crítico a las producciones agropecuarias salteñas fue un error estratégico al que nos llevaron los funcionarios que se fueron. Es la hora de superar gestiones que, por cierto, sería mejor olvidar.

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Sección Editorial

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