La controversia entre Urtubey y el responsable del Plan Belgrano, José Cano, podría convertirse en hojarasca política que distraiga la atención con palabreríos y oculte la realidad.
Es más que probable que el diferendo se origine en tensiones dentro del gabinete nacional, entre Cano, que es radical, y los ministros macristas Rogelio Frigerio y Guillermo Dietrich, que se muestran remisos a ceder el cartel político de las obras que se vayan realizando. A esa pulseada se habrían sumado Urtubey, como antes lo hicieran Pablo Kosiner ("el Plan Belgrano es un Exxel") y Cristian Fiore ( "el plan Belgrano no existe"), justamente, en pleno debate de un presupuesto que contempla 95 mil millones de pesos para obras en el Norte Grande. En medio de la actual confrontación, Dietrich anunció el viernes la licitación de obras en 400 kilómetros de rieles del Ferrocarril Belgrano en territorio salteño.

El protagonismo perdido

En estos meses, la provincia perdió protagonismo y pasó a ocupar un lugar marginal en áreas que hasta hace unos años lideraba. El caso más notable es el proyecto turístico. El gobernador radical jujeño Gerardo Morales muestra la misma celeridad que había exhibido para la "misión imposible" de desarticular a la Tupac Amaru y ahora gana espacio en el plan turístico para la Puna. El Tren a las Nubes, reducido en Salta a una expresión simbólica de 25 kilómetros pasaría a unir San Antonio de los Cobres con La Quiaca, a través de la Quebrada de Humahuaca. Al mismo tiempo, el plan de ecoturismo desde Iberá a Formosa dejaría afuera al Chaco salteño. Ambos planes apuntan a la captación de los visitantes de primer mundo.
También faltó iniciativa salteña en materia de desarrollo agroindustrial y energético, que son claves para el funcionamiento del Plan Belgrano y representan el plus que puede ofrecer nuestra provincia.

La mecha de la dinamita

De todos modos, cabe preguntarse sobre la oportunidad y la razón última de las declaraciones de Cano, que derivaron en la respuesta de Urtubey pidiendo su renuncia.
Cano le enrostró al gobernador salteño sus nueve años de gestión, su antigua pertenencia al kirchnerismo, las obras nunca concluidas en la ruta 50 y el silencio frente a personajes caídos en desgracia como Julio De Vido y José López y lo asoció con el peronismo clientelar.
¿Fue un ataque genuino o, más bien, una forma de fortalecer ante los peronistas la imagen de Urtubey, hoy demasiado asociado con el macrismo?
Es difícil imaginar que Cano se lanzara frontalmente contra aquél sin contar con el reaseguro de Macri. Si bien desmintió que haya opinado sobre las condiciones del gobernador salteño para ejercer el cargo -lo cual sería inadmisible desde todo punto de vista- el responsable del Plan Belgrano trazó una línea divisoria entre Cambiemos y el peronismo.
Es probable que Macri no pretenda pelearse con Urtubey sino mantenerlo como un balance político frente al principal candidato a liderar la renovación del PJ, Sergio Massa.

Lo que interesa a Salta

Más allá del cotillón político, el Plan Belgrano contiene objetivos de desarrollo para el norte argentino que Salta no debe dejar pasar. Con carencias estructurales profundas como las que ha puesto en evidencia el Indec, no hay sitio para la pirotecnia. El 35% de pobres registrados en el NOA probablemente subestime la realidad del interior salteño, ya que esa encuesta solo se realiza en centros urbanos. La falta de empleo genuino y la inactividad en el área rural se traducen hoy en indicadores sociales dramáticos en Rivadavia, San Martín y Orán.
Sin inversión privada orientada a la agricultura, como base de sustentación de un desarrollo ganadero, frigorífico y agroindustrial en general, no habrá empleo, aumentarán la pobreza y el condicionamiento de esas regiones a la "beneficencia" de las metrópolis, Salta y Buenos Aires. La exclusión desvirtúa en este caso la condición de los habitantes norteños como "sujetos de derecho" y los reduce a "destinatarios de la ayuda".
El asistencialismo, como se sabe, nunca llega gratis.
Hace pocos días, el Gobierno salteño admitió su impotencia frente a la mortalidad por desnutrición, deslizó que para este año esperan no menos de once casos y, además, aseguró que sin ayuda nacional no se podrá afrontar ese flagelo. En esas condiciones, el Gobierno salteño no se encuentra en condiciones de practicar artificios políticos que pongan en riesgo al Plan Belgrano en Salta.
Tampoco el Gobierno nacional puede darse esos lujos.
El Belgrano es un programa de "desarrollo social, productivo y de infraestructura".
En un escenario de recesión que se agravó con la crisis brasileña es ambicioso, pero complejo. El monto de US$ 16.000 millones previsto para obras y de 50 mil millones de pesos en viviendas para 250.000 familias y atención inmediata a los afectados por la pobreza extrema debe llegar, porque está comprometido, pero no será por arte de magia.
Las críticas a las supuestas demoras de Cano deberían ir acompañadas de los proyectos analíticos y detallados, con objetivos, plazos y recursos, que propongan provincias y municipios. El Plan Belgrano debe salir de la condición de "Exxel". Para eso, Cano podría ofrecer un balance público, cuantitativo y documentado de lo que se ha hecho, y una proyección detallada de lo que se va a hacer.
Salta lleva mucho tiempo sin obras de infraestructura significativas, sin inversiones eficientes en la mejora de la calidad de vida y sin estímulo al desarrollo económico.
Ni Urtubey ni Macri pueden distraerse en discursos huecos ni reyertas irrelevantes.

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Sección Editorial

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