Los reyes belgas llegaron a la Argentina el de 3 de noviembre de 1965. Ese mismo día el rey Balduino fue a la Casa Rosada a saludar y condecorar al presidente Humberto Illia. Allí le impuso el Gran Collar de la Orden de Leopoldo, la más alta distinción de Bélgica. En su pecho, el rey ostentaba la Orden del Libertador San Martín, impuesta por el presidente Arturo Frondizi en la visita que hiciera a su país en 1960.
Luego de participar de una de serie de actos en Buenos Aires, el sábado 6 de noviembre la pareja real se embarcó rumbo a Salta, ciudad que por primeravez recibiría monarcas europeos.
A las tres y media de la tarde, el avión de la Real Fuerza Aérea Belga estacionó en el Aeropuerto El Aybal.
Al pie de la escalerilla los esperaban el gobernador Ricardo Durand, el vicegobernador Eduardo Paz Chaín, los senadores nacionales Dante Lovaglio y Miguel Angel Martínez Saravia, el presidente de la Corte de Justicia, Héctor Lovaglio; el intendente de Salta, Luis D''Jallad, y el obispo Pedro Lira, entre otras autoridades civiles y militares.
Luego de que el intendente les diera la bienvenida y entregara simbólicamente la llave de la ciudad, Balduino y el gobernador Durand ocuparon un automóvil e iniciaron la marcha hacia la ciudad seguidos por el coche que llevaba a la reina Fabiola y a la señora del gobernador, doña Alicia Alzola de Durand.
Avenida Bélgica
Ni bien la caravana traspuso el nuevo puente sobre el río Arenales, en la avenida Paraguay, esta se detuvo para que Balduino inaugurara la avenida Bélgica ante gran cantidad de público. Una cinta con los colores de Argentina y Bélgica fue desanudada por el rey mientras alumnos de la Escuela Nacional del Río Arias -desde entonces Reino de Bélgica- lo saludaban con banderitas de su país. A todo esto, Fabiola y la señora de Durand permanecieron en el coche por razones de seguridad. Es que minutos antes se habían producido protestas en el centro por la visita de los monarcas.
Concluida la ceremonia, la comitiva continuó hacia el centro por Virgilio Tedín, República de Chile, Carlos Pellegrini, Caseros y Zuviría hasta arribar al Hotel Victoria Plaza. Allí, tres niñas vestidas con trajes típicos de Bélgica, España y Argentina obsequiaron a Fabiola un ramo de flores blancas. Eran María Lucrecia Robledo, Viviana Delia Policic y Mónica Morey. Luego, los reyes tomaron la "suite real" del octavo piso.
Cena y recepción
Por la noche, Fabiola y Balduino cumplieron con dos invitaciones: la cena que el Gobierno les ofreció en la Escuela Agrícola y la recepción del Club 20 de Febrero. Como la cena con velada folclórica en la Agrícola se prolongó más de la cuenta, la pareja arribó al "club" con casi dos de retraso. Media hora después y, luego de participar de un brindis y rubricar el libro de visitas importantes, la pareja real se retiró a descansar.

Los reyes, a los pies del Señor y la Virgen del Milagro
La humilde casa de Margarita Mamaní. La segunda jornada de los Reyes de Bélgica en Salta fue el 7 de noviembre de 1965, es decir hace exactamente 50 años. Ese día cumplieron la promesa que los había traído a Salta: orar al pie de las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro y pedir que nuestros patronos les concedieran la gracia de ser padres.
Desde temprano la Catedral y la plaza fueron adquiriendo el color que suelen tener cuando ocurren grandes acontecimientos religiosos. De a poco el público fue ocupando los espacios estratégicos para poder ver el paso de Fabiola y Balduino camino al templo, mientras en la Catedral, la Gendarmería controlaba el acceso -por rigurosa invitación- de los fieles.
A los extremos del altar mayor las banderas de Argentina y Bélgica, y en los flancos miembros del Seminario Conciliar y padres franciscanos y de otras congregaciones, en tanto, a lo largo de la nave principal se había extendido una alfombra roja.
De pronto las campanas comenzaron a repicar anunciando el momento tan esperado. A las 10.45 Balduino y Fabiola, presidiendo la comitiva oficial, ingresaron al templo. Antes de tomar ubicación en sus reclinatorios, la pareja se dirigió al altar del Señor del Milagro y luego al de la Virgen, acompañados siempre por monseñor Pedro Lira. Luego de orar por unos minutos ante las imágenes, comenzó a escucharse el himno a los protectores de Salta. Entonces se acercaron dos damas, doña María Julia Avellaneda de Palacios y María Antonieta Day. Ellas pusieron en manos de los reyes una réplica del Señor del Milagro y una Antología del Milagro.
La misa
La misa solemne fue celebrada por monseñor Lira y los cánticos litúrgicos estuvieron a cargo de los padres lateranenses. El oficio finalizó a las 11.35, saliendo los soberanos del templo detrás del obispo Lira.
Afuera, una abigarrada muchedumbre aguardaba la aparición de Balduino y Fabiola. Y cuando lo hicieron, miles de personas saludaron con flores y pañuelos blancos. Luego, los monarcas se dirigieron hacia el Cabildo Histórico por un sendero acordonado en medio de la gente. Al llegar fueron recibidos por el director Rafael P. Sosa, quien los invitó, junto con el gobernador Durand y su esposa, que ingresaran al histórico museo. Luego de un breve recorrido la pareja real ingresó a la sala capitular, donde rubricaran el libro de visitas.
Cuando los soberanos asomaron al balcón central del Cabildo recibieron una cerrada ovación. Seguidamente, 300 gauchos desfilaron con sus atuendos tradicionales.
Culminado el paso de los gauchos, los reyes abandonaron el Cabildo y en automóvil se dirigieron al monumento al General Güemes, donde una guardia de honor saludó su paso. Luego el coche partió por avenida Tavella hacia El Aybal.
A las 13.05 el avión de la Fuerza Aérea Real Belga dejó suelo salteño rumbo a Córdoba, su próxima y última escala en la Argentina.
Un paseo por el cerro y por barrios humildes
Momentos después de que la pareja real arribara al hotel Victoria Plaza, Balduino aceptó una invitación del gobernador Durand para conocer la ciudad. El mandatario buscó en su coche al rey y por Caseros enfilaron hacia el parque San Martín. Allí le mostró el Jardín Incaico con su colección de cactáceas andinas. Luego se dirigieron al frente del cementerio de la Santa Cruz, donde se construían cuatro monobloques.
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La humilde casa de Margarita Mamaní.
La humilde casa de Margarita Mamaní.

Allí Balduino se apeó y saludó uno a uno a los obreros.
Luego enfilaron hacia el Portezuelo para observar la ciudad desde el mirador, pero cuando Balduino se enteró que había un camino a la cima, en el acto pidió ir hasta allí, pese a que Durand le dijo que la ruta no era buena. Balduino le dijo: "No importa, quiero ver la ciudad desde ahí". Y al mandatario no le quedó otra que trepar la cuesta y darle el gusto al rey.
Don Ricardo, que era un hombre de mundo, debe haber sentido vergüenza de mostrar esa cima que solo se desyuyaba para el Día de la Cruz.
Luego de esa exploración, don Ricardo debe haber pensado que el belga ya estaría satisfecho con el paseito, pese a que tenía varias obras por mostrar. Pero se equivocó. Balduino estaba hecho una lechuga, y bajando el portezuelo le espetó a su cicerone: "Quiero conocer un barrio humilde". Por supuesto, Durand no lo contradijo y ahí nomás enfiló hacia la villa de chapa, lona y cartón que había sobre el viejo cauce del río Arias, abajo del puente Vélez Sarsfield. Cuando llegaron, el gobernador aparcó su coche en un borde. Fue entonces que Balduino se apeó y descendiendo por el barranco llegó a una casucha. A su encuentro salió doña Margarita Mamaní, humilde mujer que ignoraba ante quien se encontraba.
Cuando Durand le explicó de quien se trataba, ella, incrédula exclamó: "¿Un rey a la puerta de mi rancho?".

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Gustavo Cardozo
Gustavo Cardozo · Hace 12 meses

Estaban las escuelas formadas en las veredas de las calles por donde pasó la comitiva y los reyes Ya alojados en el hotel Victoria, salieron al balcón a saludar a quienes estaban en la calle y la plaza. En ese momento los adolescentes escolares irrumpieron el gritos de saludos y admiración. Los Reyes saludaban felices con las manos. La algarabía no cesaba y ellos se los veía felices. La verdad, el entusiasmo juvenil se debía a que en los balcones del séptimo piso habían asomado los integrantes del Club del Clan (Palito Ortega, Tedesco, Jones, Violeta Rivas, y otros) quienes actuarían esa noche en Salta. Recuerdos de mi paso por el secundario en Salta.

juan chila
juan chila · Hace 12 meses

Es importante destacar la fe catolica de Fabiola y Balduino que se vinieron hasta estas tierras a pedir un milagro, no se les concedio, fabiola no pudo dar un heredero a la corona belga, luego de varios abortos, la pareja abandona el sueño de la parternidad, se dedican y ponen todo el esfuerzo en su sobrino, actual rey felipe de belgica.

Luis Ricardo Díaz
Luis Ricardo Díaz · Hace 12 meses

QUÉ RELATO TAN GENUFLEXO A LA ANACRÓNICA REALEZA QUE TODAVÍA AGUANTA EN ALGUNOS LUGARES DEL MUNDO. PARA HACER NOTAS, NO ES MÁS IMPORTANTE LA VISITA DE UN PREMIO NOBEL, O DE UN CIENTIFICO QUE LA DE DOS PARÁSITOS SOCIALES COMO LO SON LOS REYES? MUCHA REVISTA "HOLA" ME PARECE....

RICO TIPO
RICO TIPO · Hace 12 meses

Te guste o no es la historia de Salta no podemos unicamente recordar lo que te guste por ideología o principios, la historia es así tiene cosas que nos gustan y cosas que no nos gustan pero que no nos gusten no dejan de ser historia no te parece? Si no contemos nada mas las cosas que nos agradan como ciertas historias recientes donde solo se cuenta la historia del lado izquierdo de la página habiendo también una página derecha.

Perez Jose Alberto
Perez Jose Alberto · Hace 12 meses

como diría don César F. Perdiguero ¿churo no?


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