La organización laboral y la estabilidad de la economía. Hasta las grandes transformaciones que experimentara el capitalismo luego de la Segunda Guerra Mundial, la organización sindical era fuertemente resistida por las empresas que se sentían más a gusto con las anteriores prácticas por las cuales ellas mismas establecían los salarios y las condiciones de trabajo. Tales prácticas, aunque a escala individual parecían muy convenientes a las empresas porque les permitían reducir los salarios unilateralmente cuando se presentaban las crisis, a nivel macroeconómico, en cambio, creaban muchas dificultades a las economías porque el derrumbe que sucedía a las crisis era acompañado por una caída en los precios y salarios, y esta reducción, a la par que diluía el poder de compra ya disminuido por la pérdida de empleos, inducía a su vez otro descenso de los precios. De allí que las economías más organizadas, como la británica, no casualmente fueron las que en el siglo XIX mostraron las primeras organizaciones de trabajadores, fuertemente resistidas al principio, pero a las que los economistas más lúcidos, como Keynes, ya entrado el siglo XX, apoyaron decididamente porque advirtieron la enorme importancia de las organizaciones de trabajadores que, al acordar un salario contractual que no podía ser modificado unilateralmente por las empresas, contribuía a la estabilidad de la economía: la famosa "ancla", en este caso salarial, como se la llama en nuestros días. Cambios en las condiciones de producción y el desempleo crónico.
Como se ha venido planteando en otras notas, luego del importante crecimiento de la economía mundial que siguió a la Segunda Guerra Mundial, a partir de los años 60-70 del siglo XX, el paradigma económico de impronta keynesiana fue cambiando a favor de la vieja ortodoxia del "laissez-faire", y junto a una importante mejora en la productividad en las economías más avanzadas, comienza a advertirse al mismo tiempo el fenómeno de la brecha de desigualdad que no ha dejado de crecer desde entonces, sin que tampoco -como también se ha señalado- la economía se ocupara demasiado del tema. La aparición de este nuevo escenario que generaba una masa de desocupados y subocupados, se diferenciaba del concepto de "ejército industrial de reserva" de Marx, porque aquel se nutría de desocupados que no se diferenciaban en su entrenamiento laboral de quienes sí tenían trabajo, y que si bien lo perdían en tiempos de crisis engrosando el "ejército", a su vez lo recuperaban en la otra etapa del ciclo que por lo general era más expansivo que el anterior, lo que hacía que el "ejército" se redujera entonces hasta que otra crisis volvía a engrosarlo. Por el contrario, el moderno "ejército", en economías que llegaron a ser más estables y con ciclos menos violentos, se nutre de desocupados a los que les cuesta enorme tiempo y esfuerzo reinsertarse, cuando lo consiguen, porque las condiciones de débil entrenamiento laboral que muchas veces fueron las causales de su salida del mercado laboral, al no preocuparse las economías en su reinserción laboral debido al nuevo enfoque desregulatorio, nunca se modificaron.
Peor aún, a la vez que la expansión de la economía no atrae nuevamente a los trabajadores desplazados incorporando solamente a los que reúnen la condiciones de entrenamiento adecuados, esa misma expansión, al apoyarse en buena medida en nuevos productos e innovaciones, requiere personal de más alta especialización, con lo que se da muchas veces la paradoja de aumentos en el producto que no añaden empleos. El resultado es un "ejército" que no deja de crecer, sin que se intente explicar el fenómeno y, menos aún, se lo enfrente con soluciones adecuadas.
¿Quién habla en nombre de los trabajadores desplazados?
Como se señaló en una nota anterior, tanto la Economía como la política operan sobre los actores que permanecen activos, pero no se ocupan en general de los que quedan "afuera" del sistema.
En efecto, desde la economía se presta atención, con refinados y bastante certeros instrumentos, a los problemas de coyuntura: inflación, déficit fiscal, desequilibrios externos, etc. con resultados más o menos rápidamente eficaces según la política sea también más o menos permeable a correcciones más aceleradas o que exijan una mayor distribución de los resultados en el tiempo. Análogamente, la propia política está interesada fundamentalmente en mantener adhesiones entre quienes pagan impuestos y ejercen otros protagonismos estratégicos en la economía, y solamente vuelcan su atención en los de "afuera", que pasaron de ser el "ejército industrial de reserva" a ser ahora el "ejército electoral de reserva", para asegurarse los votos marginales para mantenerse en el poder, o acceder a él, otorgando para ello algunas ocasionales concesiones: "planes" y otros similares. Corresponde, por lo tanto, como se propuso en una nota anterior, que ambos, economía y política se ocupen desde lo analítico e instrumental, en aportar soluciones a este problema que lejos de resolverse, se agudiza cada vez más.

La reforma laboral

La política tiene también un papel que jugar en relación al sector laboral, porque en la Argentina, la carga impositiva que representa la contratación laboral es muy grande y es una inevitable fuente de tentación para liberar empleo a favor de otros recursos con una menor incidencia de los impuestos.
Por su parte, no es menos imperativo, desde la esfera sindical, buscar las formas, también desde lo conceptual y operativo, para que se preste atención reivindicatoria no solamente a los que permanecen dentro del sistema, o sea, quienes tienen trabajo registrado, sino también a los excluidos, a la vez que se procure descentralizar las decisiones en las discusiones laborales, atendiendo a las diferentes realidades de sectores y regiones, ya que es evidente que "cada uno sabe dónde le aprieta el zapato" y no tiene mucho sentido decidir, desde el lugar de mayor desarrollo del país, cuál debe ser la remuneración para cada rincón de la Argentina, ya que si de esto se tratara, ¿por qué no elegir las remuneraciones de Tokio o Nueva York para fijar el piso de salarios?
El trabajo en negro y el desempleo crudo, imágenes especulares de la exclusión, es también una realidad que lejos de desaparecer es cada vez más agobiante, e indignante.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora