Las acciones suben y bajan y todo se mueve al ritmo de la economía. El dinero disponible no alcanza y mientras se buscan "financiamientos externos", la idea es aparentar que, pese a la crisis, existe un acompañamiento de la dirigencia al resto de la sociedad. Esto parece ser el resumen de un escenario económico, pero bien puede ser extrapolado al entorno político en la provincia, donde los acuerdos y desacuerdos por el manejo del dinero y las restricciones a los gastos del Estado, se conjugan con la formación de nuevos espacios y con las aspiraciones de quienes fluctúan en un imaginario "mercado de valores", aunque saben de antemano que tendrán que vender acciones en algún momento a los "líderes de la bolsa".
No es un mensaje oculto con paralelismos incomprensibles. El rumbo de la política partidaria en Salta adquiere un interesante matiz con la crisis económica de fondo, donde algunos ya hacen números sobre los costos de la futura campaña con miras a las elecciones legislativas del año que viene.
El escenario se plantea con dificultades ante la opinión pública por las urgencias sociales, pero ello no implica que los dirigentes más encumbrados resignen su naturaleza de eternos candidatos.
Este es el punto donde la actividad partidaria muestra un factor común. Los dirigentes de los distintos partidos hablan de renovación, pero es solo jarabe de pico. El trabajo de la militancia tiene cada vez menos chances de ocupar cargos donde se toman decisiones por ese método tan evidente donde se privilegia a la familia y a los amigos (en ese orden).
Siendo el distrito más importante en el mapa político de la provincia, es en la ciudad de Salta donde las piezas se mueven incesantemente con la idea de generar espacios, buscar aliados con los cuales levantar la frente sin morir en el intento.
Pero, al igual que en la economía, existe mucha inestabilidad y la falta de liderazgo vuelve a aparecer como un viejo fantasma. Las cuestiones internas en diferentes partidos plantean la unidad y el saneamiento a través de los cambios, pero eso termina en una expresión de anhelo y la ausencia de líderes convocantes se vuelve a notar.
Eso es lo que ocurre por ejemplo en el PRS, donde aún no se resuelve la apelación ante la Cámara Nacional Electoral, de un sector de los renovadores que se opone a la presidencia de Cristina Fiore, quien estaría asumiendo el 18 de agosto al frente del partido, sin más credenciales que su funcionalidad en el frente oficialista.
Familiares y amigos conforman ese mecanismo ideal de renovación que siempre termina por manifestarse en los cuadros dirigenciales y cargos ejecutivos
Con ciertas diferencias sobre un panorama siempre alterado, el PJ recorre caminos similares. La necesidad de renovación está presente entre las frases de los líderes partidarios, pero de la boca y de la provincia hacia afuera, ya que internamente los familiares y amigos conforman ese mecanismo ideal que siempre termina por manifestarse en los cuadros dirigenciales y de allí a los cargos ejecutivos.
Esta situación permite que surjan con poca claridad, funcionarios que se sienten con el mandato democrático como si hubiesen sido elegidos por la voluntad popular, pero que no son otra cosa que oportunistas, soñando con un cargo electivo y cumpliendo sus deseos con la billetera llena de los favores del Estado. Son jóvenes de la política, pero con las viejas mañanas, siempre dispuestos a la facilidad del clientelismo, pero con muy pocas luces a la hora de buscar soluciones de fondo para los problemas de los vecinos.
Solo así se logra entender la razón de organismos como la Secretaría del Area Metropolitana, cuyo titular Matías Asenatto aprovechó la ausencia de líderes y se inventó un altar donde prende velas para que algún funcionario lo reciba. Sueña, si cabe el término, con ser un interlocutor entre el municipio y la provincia, pero en la comuna ya le dijeron que no. El único para este fin tiene nombre y apellido: Carlos Parodi, jefe de Gabinete del gobierno.
Pero las chances se miden y siempre queda una oportunidad para recibir algún rebote en el activo mundo de la política salteña.
Será cuestión de poner en la balanza las obras que se consiguieron hasta el momento para la ciudad capital y desde ese punto lograr un margen importante de voluntad popular, pero con la legitimidad que solo otorga el voto de la gente.



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