La revancha del camión contra los cruzados

Rodolfo Ceballos

La revancha del camión contra los cruzados

La palabra "cruzado" integra el vocabulario de la jihad. Aparece en comunicados y en las arengas de los fundamentalistas; significa para la "guerra santa" del islam invasor, violador de territorio y agresor. "Cruzado" recuerda hechos del siglo I.
Las cruzadas fueron escuadras con destino militar a Jerusalén que querían recuperar para la cristiandad los lugares sagrados ocupados por los que turcos. El nombre de cruzadas se tomó por la cruz que llevaban los guerreros bordada en sus pechos.
El papa de la época llamó a viajar a los voluntarios de todas las clases sociales a las batallas, con la promesa de que se perdonarán los pecados de los guerreros. Algunas batallas fueron ganadas por los cruzados y quedaron en la memoria de los árabes como una derrota que los resintió históricamente. Es por eso que hoy, regresando al siglo I, la jihad vuelve por otra "guerra santa" contra los cruzados de entonces. Hoy los ve fantasmáticamente, como revancha en cada atentado cometido, mezcla de teoterrorismo y parte de la estrategia bélica internacional del Estado Islámico (EI).
El estar contra los "cruzados" es en nombre de Alá. Sus fieles posmodernos son jóvenes jihadistas inmigrantes o hijos de inmigrantes que detestan la democracia demoliberal, el desarrollo capitalista y los valores morales de Occidente.
Las bombas, las masacres y las tragedias indiscriminadas que causa el teoterrorismo en el mundo no tan solo muestran un fanatismo religioso, sino también la falta de valores de los "cruzados". Es la era en que la subjetividad, no encuentra límites para la violencia social y económica.
La contradicción de los anticruzados es flagrante. Aceptan el dinero capitalista de las potencias árabes, como Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y de algunos millonarios sunitas, seguidores de esa rama del islam.
La masacre en Niza con un camión que ejerció la revancha contra los "cruzados", asistentes a la fiesta patria francesa fue obra del Estado Islámico, a través de un combatiente persuadido de la "guerra santa".
La subjetividad del terrorista revanchista, abatido por la policía, buscó dar a Dios y a sus intérpretes de la sharia (ley islámica), el monopolio de la verdad porque sus adoctrinadores hablan en nombre del Corán.
Los testigos aseguran que el joven Mohamed Bouhlel, el autor de la masacre, invocó a Alá en plena faena de exterminio.
Bouhlel no habló por sí mismo sino que, poseído por el fundamentalismo, pensó en nombre de éste cuando dijo "Alá", su grito de "guerra santa".
El teoterrorismo golpea con la muerte y el pánico para anunciar que la religión del islam triunfará.
El psicoanalista Jacques Miller, un francés con su país infiltrado de anticruzados, fijó una reflexión necesaria que puede aplicarse al hecho que ocurrió en Niza. Dijo que "un terrorista es un idealista. Es un loco, no un canalla. Nada más lejos del canalla que el terrorista que da su vida para tomar la de otros. Y una afirmación sorprendente en su verdad clínica: el principio subjetivo del terrorismo no se distingue de la anorexia. Un deseo de nada".
Niza hoy llora los muertos por la locura de esa nada.
Los jihadistas seguirán con el teoterrorismo internacional a través de sus adoctrinados "ángeles" de la muerte que al exterminar a los "cruzados" ponen sentido a sus vidas.

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